miércoles, 15 de diciembre de 2010

Un cuento de Terror

A media noche las cosas no son tan claras como parecen: la lámpara de noche es un brazo de ogro, la jarra de agua es una cara de elfo, en la puerta hay una señora observando y debajo de la cama se encuentra la puerta al mismo país de los fantasmas…

Jaime sabía lo que pasaba cada vez que se iba a dormir, le tranquilizaba que, afortunadamente, nunca había abierto los ojos los suficientemente rápido para ver a las horribles criaturas danzando por su habitación, pero esa noche era distinta, era tarde y su hermano, con quién compartía habitación, se había ido a casa de los primos a dormir, en cambio, las primas hacían una pijamada en la habitación de Marisa, ya era muy tarde cuando decidió que era hora de enfrentar a los ogros de la habitación, pero el cansancio da valor, así que decidió caminar a su recamara con la determinación propia de los caballeros del Rey Arturo y con el cansancio de los peregrinos…

La recámara no tiene nada peculiar, dos camas, un par de lámparas, el mueble ese de nombre raro y que sostiene a la televisión, la alfombra que es una bendición en Invierno y un suplicio en Verano, la ventana que da al jardín y que permite la entrada del sol y de la luz de la luna llena, pero esa noche, no había luna, lo que siempre es tranquilizador, saber que hoy, por lo menos hoy, no habrá lobos en el jardín, ahora sólo queda el problema de los monstruos de la habitación, pero con una pijamada en el cuarto de a lado, quizá le sean mas tentadoras las ideas sobre asustar a 4 niñas…

Se preparo para dormir, lavo sus dientes, a pesar de que papá y mamá no habían llegado a casa, se puso su remera de pijama y cuidadosamente aventó el pantalón de mezclilla y los calcetines por ahí, el caos tiene un cierto orden divino y, antes de dormir uno no le pone peros a lo divino, un poco intranquilo pero demasiado cansado como para pensar en ello, se dispuso a dormir esa fría noche del otoño, mientras en la otra habitación se escuchaban risas y cuchicheos, poco a poco su mirada se fue acostumbrando a la oscuridad, pasó una rápida revista a la habitación, todo en su lugar, -¿nunca te ha pasado? que mientras intentas mantener los ojos abiertos, cada ojo empieza a tomar su propio camino, así, mientras se hacen bizcos cada ojo se va rindiendo al ataque del sueño-, mientras el cuerpo empieza a escarbar huecos en la cama y se enreda en las trincheras de las cobijas y el edredón, el frío ayuda a que el cuerpo encuentre más rápido su lugar, no habían pasado más de diez minutos y Jaime entonaba la canción del que duerme, su respiración se hizo pausada y profunda…

Jaime llego al puerto de Morfeo y embarco a los extravagantes países de los recuerdos que todavía no han pasado, llevaba no más de tres horas dormido y soñando con un amplio campo de girasoles, cuando en medio del campo de girasoles sintió una molestia, en su sueño alcanzó a divisar a lo lejos un bulto blanco tirado en medio de un claro, con un leve movimiento como si respirara, Jaime escapo rápido de ese sueño, como apurado por una respiración en su nuca, llego a otro lugar, un pequeño bosque de espejos y de árboles de plata, sin embargo, no fue tan rápida ni tan exitosa la huída, el bulto ya estaba ahí, con su respiración reflejada en los espejos del bosque, empañando los árboles, eso fue el colmo, corrió hacia la salida pero era demasiado tarde, el bulto se encontraba también en el portal, volteo en el descampado de la entrada del país de los sueños para saber si podría distraerse con algo, pero sólo encontró la música lenta de las gaitas de su Banshee, Jaime estaba desesperado, se dio cuenta que era una pesadilla…

La pijamada había llegado a su fin, ya casi todas estaban dormidas y la única que no lo estaba cabeceaba al ritmo de los tambores de los duendes del sueño, Marisa se decidió por fin a levantarse del cojinete y dejar de cabecear para irse a dormir, de píe en su recamara pudo apreciar como Gaby ocupaba apaciblemente toda su cama mientras, Rosana, la otra prima, hacía lo suyo con la otra cama dejando aal resto de las primas en el futón apretadas, -¿te ha pasado? ¿que una de tus amigas ocupa a brazo extendido toda la cama, mientras se acuesta en diagonal para no dejar huecos útiles?-, así que no le quedó remedio que aventurarse a la recámara de sus hermanos.

Habrá que decirlo, no sólo por el riesgo a ser emboscadas por una tropa de almohadazos, sino por todo lo que uno se puede encontrar en la recámara de dos hombres:

desde el plato del desayuno de hace tres inviernos que está cuidadosamente depositado en medio del paso, hasta los pantalones de mezclilla cuidadosamente enredados entre la cama y el buró, trampa mortal, por lo menos, para los tobillos.

Así que ya le podéis ir dando crédito al valor de Marisa; cuando entro al cuarto todo parecía normal, la poca luz, los ronquidos de Jaime, así que se dispuso a dormir en la cama de Fer, su otro hermano, se acomodó en la cama, justo como sólo sabe hacerlo ella, rodando de un lado para otro hasta que el empaque de sabana, cobija y edredón forman un capullo de oruga y que no permite que sus pies o sus manos salgan a explorar el terrible frío de afuera, embarco pronto en el barco de Morfeo, el muelle estaba vacío así que pronto estuvo navegando en el mar de la imaginación, los sueños de Marisa fueron un poco raros, pero nada fuera de lo común, uno o dos saltos, ¿no te ha pasado que te tropiezas en el sueño y das un pequeño brinquito en la misma cama? , así fue cayendo en la profundidad del abismo, reino de unos pocos y conocido de todos, sin visa ni permiso, se decidió a explorar un prado verde de los recuerdos de la niñez y a respirar profundo en su capullo de seda, casi sin poder moverse, sólo los dedos de los pies que de vez en cuando luchaban entre ellos por un espacio de aire…

Jaime estaba en medio de la pesadilla, y la determinación del bulto de seguirlo a todas partes le estaba poniendo francamente mal, su movimiento se hizo pesado, trataba de huir pero no podía avanzar y en frente de su nuca el bulto lo seguía, ¿nunca te ha pasado qué en un sueño tienes un ataque de risa mientras un oso negro te persigue?, pues Jaime tenía esa sensación, la de no poder correr porque el estomago le dolía por la risa nerviosa, no podía más, así que recurrió al ancestral truco de decirse a sí mismo: “esto es un sueño, me puedo despertar cuando yo quiera”, es un truco que uno olvida cuando crece, pero todos los niños lo saben, su ángel de la guarda y el mismo Dios se los hacen saber, a Jaime sus abuelos se lo habían dicho, Dios siempre está contigo, pero como una jauría de recuerdos embravecidos por la sangre, un pensamiento asaltó su corazón y pensó, “si Dios está conmigo… ¿quién está con ese bulto?” lo señaló en el sueño, se dio cuenta que estaba en una casa gris y blanca, sin espejos, sin ventanas, sin una salida, pero el bulto se reflejaba en todas las paredes y se movía en algunos espasmos lentos y luego bruscos, no sólo eso, algo en su interior le decía que no estaba sólo, algo le decía que eso no era un mero mal sueño, que una pesadilla no podía durar tanto… “despierta, despierta, despierta, despierta, despierta ¡ carajo!…”, su cuerpo estaba tieso, sudaba frío, todavía el temblor de la mano no se había detenido, la respiración era intranquila y los ojos se acostumbraban a los lentes de la noche, cuando todo empeoró, se corto la respiración, sólo para escuchar una respiración lastimosa y profunda, supo entonces que no estaba sólo, poco a poco se dio vuelta en la cama, en la misma posición fetal en la que había despertado, fue muy cauteloso, intento no hacer ruido, casi no respiraba, aunque la adrenalina le corría el cuerpo como un látigo de sangre y su corazón latía como un pez fuera del agua, todo eso con los ojos apretando los párpados como si fuera a caer una bomba que ya está silbando sobre la cabeza, una vez que hubo girado, respiro profundo y abrió sus parpados…

La imagen lo dejó sin aliento, el frío del invierno nórdico se instaló en su cuerpo y la Banshee, la dama de los muertos le empezó a silbar en su oído las canciones de los árboles que mueren en otoño…

Ahí, en la misma recámara de juegos, de tele y de su hermano, el bulto blanco se encontraba a menos de un metro de su cama, no pudo hacer otra cosa, estaba congelado, por si fuera poco el aliento fétido y helado que le cobijaba el pecho, el bulto abrió unos ojos negros del color de la tristeza absoluta, en medio de un enmarañado de cabello largo en algo que parecía una cara blanca como la muerte, esto si era demasiado, Jaime apenas pudo ahogar un grito en medio de su garganta, no quiso llamar su atención, pero era demasiado tarde, el bulto se dio cuenta y abrió su terrible boca para dejar salir un sonido terrible, como el cuerno de los ejércitos del infierno, Jaime empezó a gritar, gritos entrecortados y tartamudos, gritos de desesperanza y angustia, mientras el bulto hacía lo mismo, como si fuera un espejo tridimensional que lo arremeda mientras devora su alma que, para ese momento, a Jaime se le escapaba por el aliento…

Cuando Jimbo y Blanca, entraron en la recámara de sus hijos mayores, francamente estaban muy asustados, los gritos los habían despertado de madrugada y, a esa hora, un grito es peor que alarma de incendios, hasta Lady y Laika, las perras de la casa, habían ladrado y aullado, pero por si fuera poco, estos gritos no son los gritos de “hay una araña negra y horrible en mi recámara”, no, son los gritos de alguien que está viendo al mismo Lucifer amarrándose las agujetas para correr con su alma… Jimbo alcanzó a prender la luz, para encontrarse a Jaime y Marisa gritándose mutuamente en las camas gemelas, los dos tenían en la cara el terror de huésped y la desesperación de dueño…

Para Marisa la luz encendida de la recámara fue un alivio, el calor le volvió al cuerpo, lo mismo que a Jaime el alma y el corazón le regresaron a la pecera de su pecho, se quedaron mirando a los ojos, voltearon a ver a sus papás, que para ese momento les veían con la mirada propia de quién no entiende nada de lo que está pasando, -¿te ha pasado que alguien te habla en tu idioma, pero no comprendes nada? ¿cómo si te hablara en el dialecto de los antiguos?-, regresaron las miradas, se volvieron a ver mutuamente, sus papás estaban ahí, la luz prendida, no había ni bulto, ni gritos, todo volvía a la calma… sólo faltaba explicarles a Blanca y a Jimbo, que para ese momento estaban casi tirados de la risa, como es que sus hijitos de veintitantos años estaban gritando a punto del llanto…

Cuando Jaime platicaba como veía un bulto en la cama de a lado y Marisa medio lloraba con que se despertó con que algo la estaba viendo a centímetros de su cara, también estallaron en carcajadas…

6 comentarios:

  1. TERROR SENTI AL LEER ESTO

    ResponderEliminar
  2. jajaja bueno en realidad quería saber si tenías una crítica del cuentito

    ResponderEliminar
  3. Allan Poe, Lovecraft y varios más deben estar revolcándose en su tumba... y no precisamente de envidia. Debería sentir el ligero escalofrío de lo onírico y lo supranatural, pero tu cuento invita más a la risa que al espanto. En fin Mafa, dicen que echando a perder se aprende. Besos.

    ResponderEliminar
  4. jajajajajaja me da gusto que no invite al terror, porque no es cuento de terror,¿no se nota? jajajaja vale anónimo gracias por la crítica y seguiré echando a perder cosas y páginas en blanco, feliz navidad

    ResponderEliminar