domingo, 3 de octubre de 2010

Hoy no

Cada vez que me acuesto en el cobijo de la cama,

Cuando estoy a punto de dormir

Cuando la noche ha sido suficiente para mí,

Mi propia mente salta de isla en isla,

de idea a idea,

Aterriza sin levantar vuelo y navega sin despegar,

Ideas que atraviesan el espejo y, observan al revés

Los vientos del país de las maravillas,

Ideas sin pasado ni futuro, con destino a ninguna parte

Cuando estoy en la frontera, cuando estoy en el borde,

Cuando estoy flotando entre la arena y el agua del sueño,

Cuando resisto en la espiral del laberinto,

Hay un yo por fuera de mí, un flotador, un parapente de papel de china

Hay una voz que me dice: suéltate ya… déjate ir...

Y simplemente, me dejo ir, me suelto de cualquier amarra terrenal,

Y me sumerjo en el horizonte de más allá de los parpados,

La poesía sin píes ni cabeza, la hoja en blanco

He tenido una semana de perros,

Días terribles resistiendo el gris de las oficinas,

Ideas sin sentido para resolver el día…

Disculpe usted, pero hoy no quiero hablar de boludeces,

Hoy no quiero saber nada del mundo y sus arrestos,

Hoy no quiero comentar los estados físicos de la policía

Hoy no quiero atacar los discursos de la guerra,

Hoy no estoy para trincheras de razón ni de justicia,

Hoy no ando para cafés con la diplomacia,

Hoy no ando para explicar el absurdo de la democracia.

Hoy me quiero soltar de las amarras de los pasos de las palabras,

Hoy me quiero soltar en la poesía del juego de los trazos,

De la risa y el olvido

Hoy me quiero perder en la hoja en blanco de la conversación,

Disculpe usted, disculpe querida conciencia… hoy no quiero verle, hoy no,

Hoy, meramente, me quiero soltar

Me quiero dejar ir.

Ritmos Rojos

Ritmos Rojos

A mis dieciocho no tenia gran cosa, poseía una sonrisa,

mantenía varias miradas, rentaba anécdotas ajenas,

El humo del cigarro jugaba a ser oxigeno y yo,

jugaba a beber de las bocas que nunca fueron mías,

Las bocas que no se atrevían a irse de viaje conmigo,

por no confiar en mi pluma, ni ayer ni mañana

hoy es mañana y casi todo es más sencillo,

tengo una fabrica de risas, sigo manteniendo las miradas,

oferto anécdotas y el humo del cigarro,

hace juego con el oxigeno de mi boca, sólo me sobra lo que me hace falta,

y me faltan las darbukas del desierto en el amanecer de los días,

los ojos color aceituna,

los ritmos rojos de tu cintura al ritmo oscuro de tu lejanía.

Manifiesto

Manifiesto

Permitid que os comente queridos,

Si vosotros estáis en la senda que se acompaña

De las letras y palabras, que se acomodan

En la hoja en blanco, que pretende a la poesía.

Admitid que desenrolle el contencioso, pues que,

Si vosotros pretendéis la prenda que se atosiga,

De la tinta y los trazos que a su alma le curan,

En la soberbia prosa de la música escrita…

Si lo Consentid, caros concurrentes

Me consentiré licencia para deciros

Lo que a voz de cuello grita mi corazón,

Y ¡ah, tristeza!, censura la boca mía con los dientes

Si habéis llegado a estas líneas

Condescendéis, que abra el pecho

Con el filo negro de la brutal honestidad,

Dejad os relato la hadada quimera,

Estoy harto de leer poesía de los poetas,

Que lloran mientras escriben coplas,

Por una dama que no los desvalija,

De los besos que le sobran en la boca,

Dispensad que os lo diga,

Hasta el hartazgo me he colmado

De éste bodrio disfrazado del vino,

Escanciado en la copa rota,

Saciado de estar harto estoy de imaginaros,

Con el alma como poca manteca en demasiado pan

Colmado hasta el tuétano también, de percibiros,

Como soldaditos novatos en su primera trinchera.

No preciso deciros como escribir,

No fuese esta torpe disertación un reclamo completo

Si no me reclamase mi gemelo a gritos en el espejo

Que esa espada también esgrimí

Declamo el reclamo de manifestadles que ya camino largo

Por el trance a la senda del guerrero de la alta montaña,

El camino de la poesía que se entona para entrar en batalla,

La prosa que el viento lleva al canto de los caracoles.

De tal suerte escribid sin suspiros ni tinta de cristal,

Sea pues la inspiración, la belleza que os inspira la lucha,

Por el roble sagrado y el canto del cenzontle

Reclamad por la poesía del repicar de los timbales de la guerra,

La cadena de letras fundidas en el fuego y el viento

Que instan a resistir en la última línea, hasta el último aliento, hasta la última garra…

De nuestro baluarte de la esperanza

viernes, 24 de septiembre de 2010

Presidencia a la carta

He repito hasta la saciedad que no creo en la democracia, pero esto es el colmo.

                A mi sobrina (sobrina porque me dice tío), que cursa el tercer año de primaria, le han hecho comprar un librito que se llama: hombres ilustres.

                Como se ha de suponer, es una larga lista de los llamados “hombres ilustres” con sus furibundas biografías y su foto a blanco y negro, desde Quetzalcóatl, pasando por Gutenberg y Beethoven, hasta llegar a la lista de los presidentes de México en estricto orden cronológico.

                  De por sí, ya me parece sospechoso que ser presidente de algo presuponga algo de ilustración, pero ok, respetemos a la moral en turno. Lo que me ha indignado hasta la náusea es que en esa larga lista aparezcan no sólo los últimos, incluido el actual, sino, también, ¡EL PRÓXIMO!

                SÍ, LO JURO.

                Después de la ilustre biografía de Zedillo, Fox y Calderón, nada más y nada menos que el muy ilustrísimo Enrique Peña Nieto, actual gobernador del Estado de México y, como deja vislumbrar la publicación, próximo Presidente de México.

                Y entonces, ¿para qué coño la próxima farsa? ¿Para qué gastar millones de pesos en una elección que, como un buen celular de famosa compañía, es de pre-pago? Si usted quiere, siga con sus revoluciones de papel que cuestan millones de pesos, mucho circo y poco pan. Y no olvide enviar su ayuda a Veracruz en bolsas de color rojo, para participar en la campaña.

                Yo que me sentía tan bien siendo un intelectual visionario adivinador de futuros y ahora resulta que tengo que esforzarme un poquito más. Mierda, mierda, mierda. Y mierda 3 veces más.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Patria Suave

Ya se sabe, ya se sabe. Si no fuera por la Santa Madre Tele nadie sabría hacia dónde gira el mundo. Es ella la que nos enseña a dar Gritos de muerte y libertad. Es ella quién ha de venir a decir a los pobres hijos suyos lo que es la Patria y como hay que ser para estar orgullosos de ella. Ponerse (no fumarse) la verde es hacer Patria. Ver El Noticiero es hacer Patria. Pagarle los impuestos a Televisa Cooperar con el Teletón es hacer Patria. Ver cada domingo Iniciativa México es hacer Patria. Hacer revoluciones de papel es hacer Patria.

                Sí, sí. Todo eso está muy bien y hasta parece bonito, pero, entre todo esto, ¿qué diablos es la Patria?

                La Real Academia de la Lengua dice que la Patria es “[la] Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”[1]. Así que la Patria es ese pedacito de tierra donde uno se siente como en casa, del cual se puede decir el conocido: “de aquí soy, chingao”. Y resulta que en ese pedacito de tierra hay otros que se parecen a uno, que hablan como uno, que tienen un pasado semejante al de uno y que dicen pendejadas como… como todo el mundo, pues. Y entonces uno se reconoce en los otros y los otros en uno y parece que hay cierta complicidad, cierta cercanía, cierta semejanza, un cierto no sé qué, que qué sé yo. Como diría un amigo: por eso te llevas con ellos, por eso se llevan contigo. Por eso es que vas a gritarle a los mismos 11 de la playera verde, nomás porque se parecen a ti, hasta en los traumas. Por eso es que te casas con señorita X, porque se parece a ti, hasta en los dramas. Por eso te sientas en la misma mesa con varios otros a comer pozole, porque se parecen a ti, hasta en los gases. Y entonces todos somos muy amigos, muy hermanos, muy iguales. Y sí; pero no.

                Porque, en ese pedacito de tierra, también habitan otros, que no hablan como uno, ni comen lo que uno, ni lloran como uno, ni cagan en el mismo lugar que uno. Y están ahí, con sus propias filias y sus propias fobias; con sus propios traumas y sus propios dramas. Aunque no te lleves con ellos, aunque no se lleven contigo. Y todos en el mismo pedacito de tierra peleándonos por hacer lo mismo de éste o de otro modo. Porque convivir entre iguales, o entre diferentes, siempre será un desmadre. Porque no todos siguen las mismas reglas, ni quieren las mismas cosas y el bien y el mal sólo depende del lado en que se mire. Y de todo eso se hace la Patria. Y de quién sabe cuántas cosas más.

                Y a pesar de eso, o precisamente por eso, es que con toda esa misma semejanza o diferencia, con toda nuestra carga cultural a cuestas, cuando se cierra la puerta del cuarto en donde se duerme, queda uno en su pedacito de tierra, más pedacito todavía, y nos encontramos a solas con nosotros mismos, sin otros que nos digan si es así o de otro modo, platicando en el mismo idioma que hemos conocido de toda la vida que la Patria, la de a de veras, va con nosotros a donde quiera que vamos, porque el héroe que la liberta no es otro que uno mismo y el pedacito de tierra es justo donde los pies se posan y las normas que lo consignan son de las que uno dispone y los lazos que nos vinculan están donde uno los encuentra, sin importar la frontera o la raza o la fortuna, detrás de cualquier patriotismo hay, antes que ninguna otra cosa o consigna, un ser humano tratando de ser algo, en medio de todo. Un ser humano que para gritar Viva, Arriba México tiene que estar vivo y comprender que esto de la Patria es algo más que un comercial en la Santa Madre Tele, que por encima de cualquier arquetipo patriotero, está uno, siempre uno, tratando de existir, a la mitad del mundo. Y, si no es mucho pedir, que señorita X lo comprenda.


[1] www.rae.es

miércoles, 4 de agosto de 2010

Curso expreso para incrédulos

Eso de no creer en nada no está bien. No se puede vivir así, me dijo la terapeuta. Así que me puso a la tarea de encontrar motivos, razones para vivir, cosas placenteras, algo que estrechara mi vínculo con esta vida carente de entusiasmo.

Después de un mes de intentarlo, el fútbol no funcionó. Ver holandeses pateando sin piedad a españoletes que no hallaban el modo de llegar a la portería sin una fractura no fue ni cercano al revolvente buscado. Cuando aquella experiencia acabó, descubrí que la novia a quien había pedido tiempo se había ido con un marica que no le interesaban los deportes de contacto. Cómo hay oportunistas en esta vida. El hipócrita de mierda fue campeón goleador en la preparatoria. Pero la vida cobra con creces. Un domingo querrá ver el partido del América (porque en el colmo del absurdo le va al América el muy imbécil) y quién creen que va a querer ir justo a esa hora a hacer el super en compañía de su maridito. Y yo, cruel como soy, no estaré para devolverle el favor.

Probé varias drogas y varias ideologías. Supe la diferencia entre fumar, inhalar e ingerir. Comprobé que el cristianismo prohíbe, el budismo cohíbe y el islam inhibe. Que la monarquía se vota y la democracia se impone y que el sabio propone y el gobernante pospone. Al final de todo, muertas varias millones de neuronas a causa de las drogas, pero, sobre todo, a causa de las ideologías, decidí intentar por otros lados.

Así que viajé, físicamente. La Capilla Sixtina de veras que está para más viajes. Confirmé que Avatar era una cosa de infantes. La cosa esa se me venía encima como en tercera dimensión y hecho a mano y sin computadora alguna y bastantes siglos atrás. Y juro que no me había metido nada. El viajezote te lo hace solita la monstruosidad que hay en el techo. Por eso Miguel Ángel es Miguel Ángel y James Cameron, pues… es James Cameron. Pero como nada es perfecto, mientras uno está en absoluto éxtasis, hay un güerito malencarado gritando cada 2 minutos: ¡no photos, silenzio! ¡VIETATO TOCARE! Y la puta madre que me parió. Como en los temblores: no grito, no corro, no empujo. Por lo demás, todo se parece tanto que no sorprende: una fila de casas a la derecha, otra a la izquierda, coches en medio, gente parlando, la comprensión de que si bañas a las de acá son iguales a las de allá y además, cada que te acercas a una oyes el grito con eco del güerito diciendo: ¡VIETATO TOCARE! O sea que está prohibido tocar y, aunque a uno le vale madre y toca y destoca a placer, esas prohibiciones no ayudan y, con prohibiciones o sin ellas, no sé, no sé, pero no alcanza, a pesar de que eso de venderse como material exótico logra grandes resultados.

Y luego de andar por el mundo y recorrerlo todo, vieja la fe y marchita la esperanza, volví con mi terapeuta que, a punto de darme por caso perdido, me asiló en su seno y usó la última arma que le quedaba. Como un moderno oráculo de Delphos, me envió a preguntar al sabio pulpopol sobre mi porvenir. Postrado de hinojos supliqué:

  • Oh, pulpopol, sabio y bueno, dime, qué ha de ser de mí.

Y el pulpopol, desde su magnanimidad me ha respondido:

  • Eres muy incrédulo. Así que no te diré nada-.

Luego, simplemente, se ha callado sin tragar ostión.

martes, 3 de agosto de 2010

El barco frágil de papel

Eso de hacer leña del árbol caído esconde múltiples significados (el sexual no está esta vez incluido, por puro pudor, nomás).

Iba yo a ponerme a contestar los varios comentarios de la entrada anterior, que no es mía, pero dicen que soy yo —y ya no sé si cualquier parecido con gobernadores preciosos pueda ser mera coincidencia— y descubrí que me tomaría toda la mañana. Y no es que no me pueda tomar toda una mañana ¡con todas las que me he tomado! para escribir algunas líneas por cabeza, lo que pasa es que me ha resultado más sencillo soltar la sopa así, de sopetón, sin prisa pero sin pausa.

    Hace mucho que sé que uno depende de los otros para ser lo que uno es. La imagen que nos devuelve el espejo todas las mañana deja mucho que desear. Así que no queda más remedio que dejar a la infame turba que decida si ese del espejo es o no es o todo lo contrario. Y a causa de esas tormentas, la autoestima va y viene, la pobrecita, y uno a veces es cuasi fantástico, aunque generalmente es un desastre.

    El Ray, el rústico y el de bolsillo, ha probado múltiples facetas. Ha pasado de patriota saludabanderas a mustio rezapadresnuestros y Dios te bendiga y te guarde. De salvaballenas y neozapatista desencapuchado a ateo postrado, postergado, posmoderno, pospositivo y pos vaya usté a saber qué más. De todo aquello no creo que quede ni la intención.

    Ya no creo en la Patria, la mató con política el Estado; ya no creo en la santa madre iglesia, la mató su propio dogma con pecados; ya no creo en green peace (nunca creí de hecho), la mató a arponazos el tío Sam; como Shakira (porque las caderas de Shakira tienen gran filosofía), ya no creo en Carlos Marx, lo asesinó a quemarropa Stalin; ya no creo en Dios, se mató hace 2 mil millones de años a sí mismo. ¿Así o más ateo?

     Por meras necesidades fumatorias, y por no rendir cuentas a nadie, me he pasado varios años tratando de sobrevivir como he podido frente a este capitalismo, ya no tan rampante, y no he podido mucho. Mis múltiples negligencias vienen a diario a cobrarme la factura y a instalarme en el buró de crédito de los buenos para nada. ¡Y 30 años después vengo a enterarme que ser un caso perdido también puede cotizar en la bolsa de valores!

    De todas las fes perdidas, la única que me hace levantarme a diario es la página 234 del último libro que leo y, en el transcurso del día, por puras ganas de restarle horas a las 24, me pongo a escribir pavadas en la computadora que es la promesa para el público conocedor y gracioso de un libro que nunca termina y el paliativo para mis noches de insomnio. Y sí, hasta soy capaz de platicar una que otra pendejada cuando el café es en compañía.

    Pero todo tiene un truco y, aunque el éxito de la magia es no mostrarlo, no está uno aquí para andarse con ocultismos. Se habla sólo de lo que se puede, no de lo que se sabe. Como el resto del mundo, uno habla de 2 ó 3 temas que medio conoce y lo demás lo ajusta a ellos. Al doctor en física se le habla de literatura para que no note que uno no tiene puta idea de la materia oscura, al literato de economía, al economista de antropología, al antropólogo de teología y al teólogo también de teología, total, en este caso, ninguno tiene puta idea.

    Y sí, si existiera la carrera de platicador profesional podrían pasar 3 cosas: 1) Que, en este afán mío de llevarme la contraria, hubiera estudiado otra cosa; 2) Que, como bien se ha dicho por alguien que me conoce (Doña: ¿será que en esas circunstancias nos conocimos o es que de veras resulta tan evidente?), abandonara en quinto semestre y me pusiera a arreglar computadoras; 3) Que terminara la carrerita y pasaran entre 5 y 10 años para obtener un título con una tesis sobre el silencio. Y estoy seguro que de todos modos seguiría cada mes preocupándome por pagar la renta. Así que, una lástima, eso responde insatisfactoriamente a quien ya empezaba a hacer cuentas.

    Por lo de la tecleada ahí sí tengo muy poco qué decir. He quedado impávido. Yo nomás tecleo, pues; si bien o mal eso ya se lo dejo al público conocedor y gracioso que tendrá múltiples opiniones al respecto. Además, las horas-mujer son incuantificables. De cualquier manera, y dejando todo en manos de la moral en turno, habría que hacer una concienzuda evaluación de las doncellas que han pasado por mis manos al ser tecleadas (narradas, quiero decir), lo mismo días, que horas, que minutos acaso. Lo cierto es que se van como han venido y uno se queda siempre a dos velas. En una minuciosa investigación que he realizado en años pasados, he comprobado que en esto no soy diferente al resto de los mortales. Otra lástima.

    Del resto, y visto que en rifa si salgo, en mi versión rústica o de bolsillo, habría que comenzar el casting y hacer algunas precisiones esotéricas. Dicen que soy escorpión, aunque yo estoy seguro que seré (¿soy?) cáncer ¡y de pulmón! Odio la leche, cuando escribo no conozco, cuando leo desconozco y mi deporte favorito es, como se ha adivinado bien, eso de la tecleada en sus múltiples modalidades. También yo sigo esperando mi versión de lujo, en pasta dura, papel cuché, 80mil copias vendidas, 12 reimpresiones, traducido a 14 idiomas incluidos el náhuatl y el guaraní y el modesto prólogo de Milán Kundera. A Cervantes le pasó 500 años después, así que sospecho que todos tenemos que esperar un poquitito nomás, ¡pero no prometo nada, eh!

    Como sea, lo que sí parece una certeza, en este mundo pletórico de incertidumbres, es que, no sé si tengo escuchas, mucho menos lectores, lo que tengo es un montón de amigos que de pronto, en un momento sublime de hartazgo, traicionan a su único y verdadero amor, el ma-ra-vi-llo-so y no menos detestado facebook y se toman un par de minutos al día para comprobar si sigo tecleando con decoro, a pesar de que yo no tengo una fantástica sonrisa fotogénica ni muestro mis prominentes pectorales bronceados de mis últimas vacaciones en las Bermudas ni sé lo que es una granja ni mucho menos una galleta de la fortuna ni entiendo cómo carajo hacer para enviar mensajes privados que no vean el resto de los cibernautas.

Así que, si por 2 minutos logro ganar la competencia a aquel archienemigo invencible, debe haber algo de cariño detrás. Y, visto de este modo, hasta me envuelvo yo mismo para regalo.

No sé si soy el que dicen que soy o el que digo yo que soy o todo lo contrario. Algo habrá de cierto, un poquito aunque sea.

Dicho esto, buenas tardes amigos, y enemigos. De todas maneras me tomó toda la mañana.

jueves, 29 de julio de 2010

No importa el tema, el asunto es platicarlo...

Ray y yo nos vemos desde hace más de diez años en cafeterías como esta (los últimos cinco, en esta misma). Y es que nuestra amistad es consecuencia de la tolerancia al (“agua de calcetín” que sirven como) café del Sangrons. Y aunque el café es malísimo, te sirven veinte mil tazas por sentada (después de la sexta, ya las sientes por miles) y permiten el alargue, la concha, la tranquilidad de no ser corridos por no pedir más para la mesa y asegura la lubricación bucal necesaria para seguir la plática. Frente a estas tazas de café fuimos presentados. Y luego también fue buena idea invitarlo a los cumpleaños, las pedas y fiestas de celebrar. Nos acompañamos desde entonces, y como siempre, lo que más disfrutamos es platicar. Ya no importa el tema, el asunto es platicarlo. Siempre he creído que si hubiera la profesión de platicador, aquel al que le pagarías solo por platicar cualquier tema, desde amoroso repetitivo hasta económico administrativo, pasando por futbol, política, religión, lingüística (uno de sus favoritos), literatura, cuentos, mitos, historia, anécdotas estúpidas, filosofía, chismes de barrio, viboreadas a los amigos, cocina, música, todas las artes, conciertos, grupos, sexo, psicología, antropología, educación, tecnologías, noticias, predicciones (muchas predicciones) y sobre todo lo escrito… Si alguien pagara por platicar, entonces el Ray sería muy cotizado. ¡El tipo es capaz de platicar de todo!!! - Y a que te dedicas? - Soy Platicador profesional… - A que bien!! Fíjate que necesito alguien para platicar mis pendejadas… - Claro, haz una cita, tu pagas el café y lo platicamos… Lo he comprobado durante diez años. Ray se sienta con cualquiera (y digo de verdad, cualquiera) y parece dominar (o hace parecer) el tema que salga de la boca, a veces atolondrada, del interlocutor que se presente. Lo he visto, tan tranquilo, con adolescentes lloriqueantes moqueando sobre su hombro tanto como lo he visto con doctores en filosofía, borrachos impertinentes, pachecos viajados, amigos del egocentrismo insoportables, esposas amargadas, solteros frustrados, casados sin escrúpulos, empresarios con y sin empresa, y todo esto sin apenas simular si acaso entendía nada. Por eso, por el regusto de la plática, Raymundo y yo nos hemos sentado “a tomarnos el café” semanal y puntualmente los jueves desde que tengo uso de razón (tal vez desde antes). Y la plática nos dura hasta que la mesera nos trae la cuenta (sin pedirla - porque ya son las 12 joven) o (últimamente) hasta que la cordura (el dolor de cabeza, la nausea o el miedo al derrame cerebral) nos hace decirle a la señorita “no más” cuando, con jarra empinada nos dice (y sólo a veces) – ¿le sirvo más café joven?

miércoles, 21 de julio de 2010

La puta palabra liberadora

¿Cómo expresar en palabras escritas todo lo que voy pensando? Si a veces siento que voy escribiendo en el aire y no en papel todo aquello que me llega al cerebro. Pero esta maldita manía mía de hablar solito únicamente recircula el pensamiento y no le permite llegar enterito, nuevo digamos, tal cual el pensamiento a la pantalla de la computadora o a la libreta (… esa libreta) o cualquier otro medio que he encontrado para, después de una larga meditación, varios filtros, alguno que otro prejuicio y muchas, muchas culpas, convertirlo en palabras escritas. Y es que (confieso) esto de escribir no me está siendo fácil. Es encabronádamente difícil. Escribir es vivir para otros que no siempre quieren escuchar, porque además no puedes obligarlos. Siempre que me leo, termino con la idea de que o, no lo van a entender, o no supe-saber explicar la idea (... esa idea) Y es que los textos que me navegan en la mente se complican una y otra vez, se enredan, y al haber nacido en ese espacio de tiempo de la vida diaria, al aparecer pues, en ese microbus, al llegar a la mitad de una mala película o justo en medio de una buena plática, o cuando miro a mi perro correr por la pelota y volver con ella en la boca; al aparecerse casi mágicamente en mí cerebro, tengo que correr a escribirlo, y la frase mágica, la historia chingona, la palabra exacta casi nunca espera tanto tiempo. (Es una sensación de haber sido iluminado; no puedo evitar hacer una cara de asombro, esbozar una sonrisa, y asentir la cabeza cuando una buena idea me llega. Y digo, es esta, ¡es esta!) Algunas ideas rozan lo gusano, algunas de ellas son precipitadamente egocéntricas; pero me iluminan el día, la tarde, el momento y creo que es necesario, urgente (indispensable) escribirlas. ¿Cómo le hago, entonces, para escribir lo pensado? para expresar con palabras bellas, sencillas, entendibles, aquello que me llega a la cabeza, incluso en forma de frase, de palabra escrita en el papel que tengo por cerebro.
"Que tipo de adjetivos se deben usar para hacer, el poema de un barco sin que suene sentimental"
¿Como le hago pues, para que las ideas no se filtren por la mala memoria, la mala educación y la ferocidad glotona del miedo? ¿Como le hago para escribir lo que pienso? Tal como lo siento, de la forma que aparece -mágicamente – en toda su extensión y convertirlo en literatura. Que le digo a mi intelecto, ya de por si mal-herido, cuando esa Gran Idea se va al puto cajón llamado inconsciente, porque sé que no la olvido, sólo que no sé donde quedó, así que creo se va al inconsciente, de donde sacarla es un verdadero pedo! (alegoría de un auténtico problema). Y que le digo al inconsciente tarugo -que soy yo- para explicarle que esta mala memoria mía acaba por acabarlo todo (incluyéndolo, dicho sea de más: T O D O ). Y es que a estas alturas (del partido) de la vida, ya tengo tres libros empezados, que luego derivaron a cuento corto y rápidamente se transformaron en anécdotas del tipo: "yo alguna vez escribí algo sobre eso..." Nunca los pude terminar, porque me chingaba el pensamiento de que no sé cómo decir-lo-que-quiero-decir, y tristemente el pinche olvido se va comiendo la idea original, el impulso que me hizo escribirlo, aventárselo al teclado para compartirlo algún día, con algún alguno o conmigo mismo. Al final este es un escupitajo, es un vómito de frustración por todos aquellos libros que no he escrito, por todas aquellas ideas, que por buenas, duele tener que olvidar, para luego "quesque" reaprenderlas en otros momentos (porque eso sí, siempre regresan), o en el peor de los casos, se condenan al más triste desenlace: el vil fracaso por omisión. Sigo rezándole a los dioses y buscando a las musas (esas que hablan en los poemas bonitos) y esperando la frase mágica o la puta palabra liberadora, hasta la lectura inspiradora, que me permita hacerme eterno o escribir...
(yo sólo quería escribir…) ¿Qué más puedo hacer? Si vivo de la esperanza (del que espera y reza) Quiero creer que soy más que esto… QUE SOY MÁS QUE ESTO...

domingo, 4 de julio de 2010

Oficios vergonzosos

Hay oficios que uno no comprende. Y hay personas que los ejercen y uno las comprende menos. Hoy me encontré a uno de esos tipos que ejercen un oficio vergonzoso. ¡Y a plena luz del día me ofrecía sus servicios!

Se me acercó con afán de seducirme, provocativo, ofreciéndome placeres imposibles. Traté de evadirlo, pero el tipo insistía, me tomó del hombro y me detuvo. Le expliqué que se me hacía tarde, pero no bastó, me pidió sólo un par de minutos para persuadirme. Sin convicción, sabiendo que estaba atrapado, volví a decir que se me hacía tarde. El tipo no pareció escucharme.

    Me extendió un pequeño papel donde describía grosso modo lo que podía hacer. Yo estaba francamente escandalizado pero traté de mostrarme como persona de mente abierta. Mi mundo a su lado sería bello y perfecto, la vida sería feliz y yo sólo tenía que decir Sí, decirlo a los cuatro vientos, que todo el mundo supiera que me ponía en sus manos y él me entregaría las llaves de un reino nunca antes imaginado.

    Yo sentía mucha vergüenza. Por mí, por la circunstancia tan grosera. Pero sobre todo por él. No podía imaginar, ni puedo todavía, las causas que llevan a alguien a caer tan bajo. Qué tipo de infancia se debe tener para terminar de ese modo, acaso un padre castrante o una madre alcohólica, tal vez terribles experiencias amorosas que conducen a tales desviaciones, a manías tan vulgares. Su arreglo pretendía ser pulcro y resultaba grotesco. Yo no dejaba de sentir ese ir y venir entre el asco y la lástima. Y entre todo, ¡el tipo mostraba una altivez increíble! A pesar de lo deplorable de su oficio, él parecía no sentir ninguna vergüenza, incluso cierto orgullo y esto acrecentaba mi propio malestar.

    Quería ayudarlo, ofrecerle algún consejo, alejarlo de esa vida de perdición. Pero él no me dejaba hablar, era él quien me daba consejos y era él quien pretendía hacerme feliz con sus servicios.

    Por fin pude escapar. Hui de prisa de aquel pobre hombre que se quedaba en la calle esperando a su próxima víctima. Sé de buena fuente que es un oficio que se ejerce por temporadas, aunque eso no le quita su tan baja calidad moral. Ofrecerse de tal modo es repugnante. Sé también que es un oficio que se ejerce en todos lados y que es antiquísimo, casi tanto como la sociedad. De veras no puedo entender cómo, en pleno siglo XXI, podemos permitir gente como esa y dejar que se multipliquen. Es preciso erradicar de nuestra sociedad una clase tan execrable y haragana.

    Tal vez con un mejor proyecto educativo o un mejor salario en otros empleos, podríamos eliminar de las calles, del radio, de la televisión y de las cámaras a esos pobres hombres que ostentan el oficio de políticos y hacerlos dedicarse a cosas más productivas y de mayor beneficio.

Aunque parece que el mundo se resiste a vivir sin charlatanes. Una lástima.