domingo, 20 de septiembre de 2009

Media noche

Son las 3 de la mañana y las opciones son escasas. La primera es dormir, pero si pudiera hacerlo no habría cabida para las otras ennumerables, que no innumerables.

2. Seguir viendo por enésima vez el maldito comercial de fataché que me convence de mi creciente obesidad y de la urgente necesidad de detenerla, a cualquier costo.

3. Mirar por las siguientes 3 horas el techo y descubrir que le hace falta una mano de pintura y que en realidad no hago otra cosa que pensar en ti y luego escribir una canción para descubrir que el cabronsísimo de Serrat me la  plagió antes de que se me ocurriera seguramente porque me lleva harta ventaja en eso del insomnio, pero cuando lo alcance, ah, cuando lo alcance, entonces sabrá el infeliz de lo que soy capaz con suficientes horas sin dormir y entonces yo descubriré, como el perfecto estúpido que soy, que lo que he ganado en insomnio no lo ganaré jamás de los jamaces en talento y el bendito infame me seguirá ganando de todos modos la partida.

4. Hacerle el amor a mi mujer como un palurdo obseso, con esa intensidad nunca antes vista y mucho menos lograda en los años precedentes, oírla decir que nunca nadie, que así así, que como yo ninguno, que si así seré siempre no importa que la despierte de su más profundo sueño aunque tenga que levantarse mañana a las 6 en punto, que bien vale el desvelo, hasta descubrir que mi mujer nunca ha sido mía de veras, que estamos solos fataché y yo, que hacer el amor como un palurdo obseso no es más que una méndiga chaqueta.

5. Marcar un número “al azar” y preguntarle a quien conteste si el fataché funciona o contarle que al techo le hace falta una mano de pintura sin develar de ningún modo mis ansias de palurdo obseso ni mucho menos el asunto del no hago otra cosa que pensar en ti.

6. Hacerle caso al publicista de la Gandhi y aceptar que amar es sufrir pero leer es gozar aunque sea evidente que sufre del mismo mal que las mujeres que creen que un orgasmo es lo mismo que una barra de chocolate Carlos V. Pero olvidemos la dialéctica y gocemos pues con Beatriz Helena Viterbo cuyo eufemismo muestra más de lo que esconde o, en una vuelta de tuerca sobre el goce literario, contagiemos a otros tantos insomnes de este bendito placer que es posar la pluma afilada sobre un trozo de papel (o los dedos en las teclas, que suele ser harto más sugerente y hace evidentes varias pulsiones frustradas) y hacerlos partícipes de la duda de lo que uno es capaz de hacer a las 3 de la mañana en que las musas han pasao de mí porque se han ido con quién sabe quién carajo, pero que en definitiva no es conmigo con quien se han quedado.

sábado, 1 de agosto de 2009

Homo comunicatus

El primer celular en mi vida era un ladrillo de proporciones descomunales que tuve a bien colgarme en la cintura, no sé con qué intención. “El que llama paga”, anunciaba el slogan de la compañía telefónica y la canción de los tigres del norte de “con mi celular en la mano parezco empresario” empezó a perder vigencia cuando 8 de cada 10 individuos traían uno en la mano, en la bolsa o en el trasero. Por la misma época comenzó el boom del mail y el Messenger y hasta internacional se volvió uno. Acúsome de vivir, desde aquella época pegado a una pantalla hablando con gente que, de otra manera, seguramente me hubiera interesado bastante poco. Amigos de la escuela, que no eran mis amigos, ahora resultaban interesadísimos en mis idas y venidas; yo, a lo más, sólo en sus idas. Hasta recuperé uno que otro amor perdido con el cuento de “te encontré “por casualidad””. De la noche a la mañana cualquier hombre, mujer o bestia podría estar en contacto con mi ilustre persona y yo con ellos. Los mundos virtuales ahora son cosa de todos los días, 24 horas, disponibles para mí, están millones de cibernautas deseosos de comunicarse. Un Nick anuncia pomposamente las tragedias ajenas y las propias, por medio de chismógrafos virtuales sabe uno quien se casa, quien se divorcia, quien es amigo de quién y quién enemigo, con mensajes microscópicos, y sin vocales, uno puede saber los deseos más ocultos de los otros y los otros de los míos, bastan 2 palabras, sin vocales, para anunciarle al mundo lo que la mañana de un sábado cualquiera nos depara y la foto del día nos muestra sonrientes frente al siglo XXI. Sí, sí, todo eso está muy bien, estamos en el num plus ultra de la comunicación, pero no entiendo por qué, ella no entiende por qué él no entiende por qué; no entiendo por qué esa chica de enfrente llora y nadie va a consolarla y nadie sabe lo que le pasa ni por qué siguen llegando al psicólogo bastantes con síndrome de un no sé qué que qué sé yo y nadie trae en el bolsillo lo que andaba buscando. De todos modos, yo sigo buscando a alguien, desde hace media hora, para tomarme un café y contarle, con más de 2 palabras sin vocales, y por más de 3 minutos, que la vida va, simplemente va y las filias y las fobias que contiene y, si no fuera mucho pedir, nos interesáramos uno en el otro mutuamente mientras dura la taza de café al menos. Sí, el que llama paga; vos podés poner la propina si te place.

jueves, 30 de julio de 2009

Cuestión de estética

Hace 15 días estuve en una acalorada discusión sobre las virtudes del arte renacentista y los aportes al arte contemporáneo. Hasta grito enconado hubo de por medio cuando alguien se atrevió a dudar de la grandeza de Donatello. Poco faltó para batirse en duelo por cosa de apreciación estética. Yo, que soy un hedonista al natural opino que, sencillamente, si no le gusta no se lo coma; no hay necesidad de llegar al encono profundo.
Pero si eso pasa entre las reuniones de mucha pompa y mucho jojojó, de mucho ensalzar y mucho decir, qué pasará entre los pobres mortales cuando se acusa de nuestra falta de apreciación estética. Aquí, un ejemplo.
Estaba sentado en un parque, mirando comer a las palomas, pretexto que sirve muy bien para justificar mi vouyerismo contra los bípedos que transitan por las calles. Hasta que una enconada discusión dirigió todos mis sentidos hacia los improperios que venían en lontananza. Un dedo en alto acusaba entre sollozos que eso no se le hacía a nadie, que era la primera y la última vez que iba a ese miserable changarro piojoso, que qué había hecho para merecer aquello.
De lejos se podía ver a una enorme y llorosa mujer con mano alzada gritando iracunda. La otra con ojos abiertos como platos no decía nada, ni parpadear podía. Hazme algo, hazme algo, decía la mujer que se paraba y se volvía a sentar para pararse de nuevo. Esto no se le hace a nadie, hazme algo o llamaré a la polecia. Sobre el pelo tenía algo que, así, a la distancia parecía como una enorme servilleta en forma de moño en medio de la cabeza. Qué es esto, Dios mío, qué es esto, qué me has hecho, grandísima estúpida. Y entre gritos y encono profundo volvía a sollozar, impasible.
La enojada mujer era, sin más adjetivos, (muy) fea. Su enorme humanidad, se coronaba con un cabello rojo encendido y aquel moño espantoso sobre la cabeza. El llanto le había hecho escurrir el rímel de los ojos y los mocos se le embarraban una y otra vez en la cara cada que intentaba limpiarse con las manos. De la estilista culpa no era aquella enorme humanidad, eso seguro. Por lo demás, tal vez sí el ridículo moño y el rojo encendido. No vi como entró, vi como salió y, francamente, no creo que hubiera mucha diferencia. Salió de prisa, doblándosele los talones a cada paso a causa de la prisa, la ira y, quizás, la poca experiencia en el uso de tacones altos. Con la amenaza de denuncia siguió gritando a lo largo de la calle, entre trompicones, siempre con la mano levantada que sólo bajaba para mantener de vez en vez el equilibrio.
La imaginé ante el ministerio público entre sollozos. Mire que me han hecho señor juez, mire usté, le parece justo. Afusilen a esa infame mujer que me ha hecho semejante atropello. Señora, esto no procede. Pero cómo no va proceder hijo de puta, ¡pero qué no comprende lo que me han hecho! A mí, a mí, qué he hecho yo para merecerlo, qué pecado he cometido. El señor autoridad, tratando de mantener la compostura (y aguantando la risa en lo posible), la calmará, le dirá que el pelo crece, A ver sargento, ayude a la señora a quitarse el moño de la cabeza, así está mejor, ya, ya, no pasa nada, a vel a vel, quen quele a la goldita, on ta golda, aquí ta golda. Palmada en el lomo y a su casita a hacer la comida con una bolsa del palacio de hierro en la cabeza para disimular y ser, sí, totalmente palacio.
Si Chava Flores hubiera visto semejante embrollo hubiera escrito algo como esto:
“Oiga asté, que quiero ser como Britney Oiga asté, como Paca me dejó. ¿Como Paca, cuál Paca, oiga asté? Pues Paquita. ¿Cuál Paquita? Pues Paquita la del barrio, no hay que ser. Click, click, click, el pelito me cortó Click, click, click, señorita se pasó.”

miércoles, 15 de julio de 2009

Llamadas anónimas

La tercera llamada llegó a las 2 am, justo en el momento en que un jaguar estaba a punto de cenarse a un gamo asustado. Si no cierras la boca te mueres, dijo la misma voz de las 2 veces anteriores. Eso va a pasar tarde o temprano, le contesté con toda la dulzura que se puede tener cuando lo despiertan a uno de improviso, así que te agradecería que lo hicieras de prisa, si no el cáncer o el sida o una caída accidental desde un edificio de 20 pisos van a hacerlo antes que tú. Luego colgué y traté de seguir en lo mío, pero ya no pude saber el fin del gamo asustado. Sospecho que fue una cena suculenta. A la mañana siguiente, desperté sin tener claro si la llamada había sucedido en verdad o había sido producto de mi intoxicada cabeza. Miré el registro de llamadas. Había una justo a las 2 de un teléfono desconocido. O sea que el numerito era de a de veras. Momento de reflexión. ¿Por qué mantener la boca abierta podría matarme? ¿La epiglotis se mantiene abierta y al tragar saliva dormido…? ¿Tanta es la contaminación que…? ¿Un mosco se puede meter a explorar en mi garganta y…? ¿La nube de humo de mi cuarto entrará de golpe, toseré y…? Dios Santo, cuánta fragilidad tiene la naturaleza humana. Y cuántas buenas personas hay en el mundo que son capaces de despertarse a la mitad de la noche de tanta preocupación que les da mi bienestar. Después de esa benigna advertencia dormiré más tranquilo… ¿O será porque salí en televisión el otro día y en cadena nacional denuncié los atropellos del sistema político de este país? No. No creo. Eso ya no pasa desde tiempos de la revolufia, gracias a dios.

viernes, 3 de julio de 2009

para barrer las hojas de la margarita

Y que hay amigos tuyos que te quieren como vos quieres a la argentina que no te quiere como quisieras querer vos, que en cualquier café decimos estupideces para poder decir que vos nos dijiste estúpido, si has cambiado la guitarra por la pluma es porque es más poderosa que tu espalda, te haces tanto con esos dientes afilados, que hay días que quisiera escribir como vos hablas, lastima que la inspiración es una señora que todas las noches duerme con otro y, al parecer, ni es argentina, ni le gusta la guitarra, ni le convenzo de tomarse un café, mucho menos una salida con entrada por 400 duros, ella que ha preferido tus 30 palabras de plata, benditos los días que se malbarata con vos, bendito tú que escoges a los perdedores, bendito tú que en tu indiferencia te importan los colores, bendito tú que eres un amante casual de la soledad mientras le guiña el ojo a la compañía, ¿si te hiciera un homenaje te morirías? porque de ser así quisiera en herencia tuya un tulipán disfrazado de margarita, sólo para jugar a que vienes a corregir conmigo al mundo, sabiendo que entre el mundo y nuestras soluciones sólo existe el onanismo mental, venga desde mis ojos hasta tu hoja, yo te saludo,

Deshojando margaritas

A falta de historias que contar uno empieza a hurgar en el pasado, ahí donde parecía que había sobre el cristal una raya de mejores ilusiones y empezar como juanga a decir que a mis dieciséis… tenía una novia que me quiso y yo a ella, aunque fuera por dos meses, y subía montañas repletas de nieve y tomaba una mochila con una muda de ropa y me lanzaba a ver lo que había más allá de la acera y era feliz creyendo que tenía esperanzas de tocar bien la guitarra. En suma, una cosa tan cursi que sólo de pensarla dan ganas de deshojar margaritas y comer flores. Pero claro, ahora es cursi, antes era la verdad más verdadera. Como verdad fue también la primera vez que mi mayoría de edad me proporcionó mi incipiente ciudadanía.
Una credencial con mi foto de ratón sorprendido me decía que ya alcanzaba los korn flakes de la alacena y podía comportarme como todo un señorito muy adulto y muy responsable.
Con la venia del estado, di rienda suelta a mi madurez. Por primera vez entré a un antro sin sobornar cadeneros y me bebí todo lo libre que había en la barra al lado de una hermosa argentina que me dio todo el amor del que era capaz por sólo cuatrocientos pesos y, en la sala de un cine infesto de aromas indescriptibles, descubrí la más extremas connotaciones del oh my god, y sí, en el colmo del descaro, voté por primera vez.
Un poquito de historia me enseñó que los tricolores habían tenido 70 años de oportunidad y que los azules no tenían ni puta idea, así que me fui por los amarillos. No ganaron, así que al fin yo no decidí ni madres, pero eso no me quitó la ilusión. En mis pocas incursiones a las urnas me fui enterando de a poco que, sin importar el color, los nombres de los fulanos me eran del todo desconocidos, y con el nombre también sus manías y sus fobias, sus rencores y sus traumas y al fin de todo, si ellos, que salían en la tele cada 2 minutos, me resultaba unos perfectos desconocidos, yo, que por entonces no salía ni en el periódico mural del tercero de prepa, debía de ser para ellos del todo inexistente. Así que empecé a anular mi voto.
Al paso del tiempo, la vida, que es una cosa que nadie entiende, pero de la que todo mundo habla, resulta ser no tan buena ni tan interesante ni tan intensa ni tan bella ni tan grave ni tan seria; Dios resulta ser un don nadie sin oficio ni beneficio que vive de glorias pasadas y que ha perdido toda credibilidad en los comicios; la chica que me quiere no me quiere como quiero yo ni mucho menos la quiero como quiere ella; eso de subir montañas no resulta más divertido que el futbol de los domingo; cruzar la acera sale demasiado caro para mi salario de oficina y dejé la guitarra por la pluma a ver si me encontraba un poco de talento acaso por accidente. Y, en un acto de bondad sin precedentes, permito que mis amigos crean todavía en la democracia y repitan sus discursos reciclados que desempolvan cada 3 años mientras yo me enciendo el décimo cigarro de la tarde pensando en que Megan Fox está igual o más buena que Angelina pero más joven, más rica y más de moda y que si me dieran a elegir entre las 2 declararía empate técnico, nomás pa’ que ninguno, ni ellos ni yo, perdamos las ilusiones y sigamos deshojando margaritas mientras lentamente nos carga la chingada con toda la dignidad de nuestra ciudadanía responsable a cuestas entre el infesto aroma de la desesperanza.

viernes, 26 de junio de 2009

Torero, Torero

La plaza gritaba enardecida. Oleeeeeeeeeee. Oleeeeeeeeeeee. El capote volaba por los aires. Un pase de pecho, luego otro y otro más. El hombre y la bestia liados en combate singular. Pañuelos blancos levantados en el aire en un muñequeo frenético que hacia estremecer a la plaza entera. El ruedo, haciendo honor a su nombre, giraba en torno. Rodilla en el piso. Oleeeeeeeee. Persecusión en el centro. Oleeeeeeeeeeee. Gritos ahogados de mujeres con pupilas deseosas de que el héroe salga avante. Frente perlada de un sudor frío, caliente, luego frío otra vez. Me planté en el centro. Tomé el capote con mis fuertes y vigorosas manos y esperé. Del fondo se abrió una puerta y la bestia salió bramando deseosa de hacerse conmigo. Aguanté firme la llegada del astado. El capote extendido para recibirlo. Plaf. Un golpe. Seco. El capote voló por los aires. El torero también. Se acercó la cuadrilla de ayuda. Yo me levanté de un salto y dije: Aja, torito, aja. Oleeeeeee. Gritó la plaza. Un pase medianamente y luego, quién sabe cómo, otra vez en el aire capote y torero, torero y capote y el infame animal lanzándose sobre mí una y otra vez presa de un frenesí que mis frágiles huesos le causaban. Cada nueva embestida era menos ágil, menos rápida, menos decidida, de mi parte. El pecho. Las piernas. Los huevos. Putísima madre, qué dolor, qué dolor; sí, qué dolor de huevos. En posición fetal me retorcía mientras el infame palurdo me pisoteaba y me demostraba quién era ahí el que mandaba. Mi siguiente recuerdo es un montón de caras conocidas y la de un señor bigotón que me manoseaba las carnes y acabó por decirme: Qué madriza le ha puesto esa vaquilla, joven, no lo vuelva a hacer. El acto duró 15 minutos. Tal vez, sólo tal vez, 5. Para mí fueron 15 rounds. Los perdí todos. KO técnico en el primer asalto. Además de 2 o 3 veces que logré conectar un pase a medias, el resto la bestia me los dio a mí. Por estricta verdad de cronista, debo dar la edad y el peso aproximado de mi rival: 5 años, 800 kilos. Miente quien afirma que era una vaquilla de meses y pesaba unos 50 kilos. Es claro que quieren jugar con mi maltrecha conciencia que, por lo demás, tampoco ha quedado en sus cabales. Mi mamá soñó que sería torero. Yo sueño cada noche con eso desde hace una semana también. Mis propios gritos horrorizados me despiertan.

lunes, 22 de junio de 2009

La Neurosis

Siempre que escribo, doy unas vueltas, de hecho nunca escribo con la intención de los que tienen talento, estúpidamente sólo escribo cuando me inspiro y eso, queridos, es esperar a que esa señora celosa llegue al cuarto y me encuentre en la cama con otra, por eso yo nunca escribo con la disciplina propia de quien quisiera ser leído por multitudes furibundas…

Estoy sentado en el café, algo nervioso, volteo al reloj casi tan rápido como me fijo en la entrada del café, en algún momento llegaras, los nervios se calmaran como se compone el semblante de una oveja cuando llega el lobo, tomo otro trago de café y prendo otro cigarro, no sé el número de veces que lo he prendido, tampoco me preocupa, abro el libro que estoy leyendo, como si pudiera entender algo de la trama, por supuesto, sólo estoy pendiente de una cosa: de tu entrada en el café, con una sonrisa…

Sigo esperando, francamente en estos momentos, me importa un bledo el mundo y sus desamores, así te espero se qué vas a llegar, tarde o temprano, me gusta imaginar que vienes de jeans y de playera, observo por primera vez el lugar, está casi repleto de clientes, desde ese que trae a la secretaria disfrazada de amante hasta esos chicos que vienen a ver como se ligan a su amiga, ha pasado un buen tiempo, te espero y me invade una terrible angustia: ¿y si paso algo? ¿si me hubieras necesitado en la esquina? Por si acaso me asomo por una ventana, nada, todo tranquilo, aprovecho para voltear a ver una mesa…

Yo supongo muchas cosas de la vida, no creo que estemos parados en un lugar tan especial, ¿no lo han pensado? Porque habría de ser un lugar especial que sólo es el tercer planeta de un sistema de nueve planetas y una estrella, hay millones de estrellas por todo el universo, por si fuera poco, somos millones de seres vivos en el planeta, ¿de donde saca el ser humano que es el más importante? ¿cómo saber si lo es?, el mundo se está perdiendo y nadie hace nada, sólo se quejan… Carajo no llegas, llevo casi toda la tarde esperándote, no sé donde estás y no sé nada de ti, mientras tanto prendo el último cigarrillo y pido el último café, con esa cantidad de toxinas en mi sistema, es natural que mis nervios se hayan calmado y el ligero temblor de pierna se haya detenido; por fin pido la cuenta, ya sé que no vendrás hoy, es lógico ni siquiera te había citado, hace meses que no te veo y así está bien, ni siquiera el café está en tu camino a casa y eso está mejor, ya vendré mañana a ver si llegas, a ver si me invade toda la tarde la misma angustia de esperar a que entres por el café … maldito oriente medio, maldito Bush, maldito Obama, maldito Papa, malditos judíos, malditos nazis, bendita neurosis y sus jaleos sólo lo preocupan de más a uno, la economía no va bien, los senadores se pudren en sus asientos, los partidos políticos son un fraude, el presidente un imbécil, la oposición una partida de idiotas y yo dejé propina de más.

jueves, 11 de junio de 2009

Cuando llueve sobre mojado

Aquella manzana parecía jugosa y sin embargo advertí, mientras la comía, que tenía algunas partes más oscuras que otras y que eso, al gusto, parecía no gustarle. Como siempre y como todo, no renuncié hasta dejarla en huesitos, incluso chupé (como siempre) hasta la ramita. Minutos después el estómago me reclamaba algo, y por supuesto me interesé más en la película mala-mexicana (disculpen el pleonasmo) de acción que comenzaba en la tele que del dolor que fue creciendo entre comercial y comercial. Fue así que comenzó la noche mas larga de mi vida, y este es su recuento. 11:00 pm Ya en la cama, mientras llovía allá afuera, el dolorcito se hizo intenso y constante. De ser un pequeño retortijón se hizo un siempre punzante estomagototote... 01:00 am Decidí levantarme por primera vez, porque el intento de dormir se hacía cada minuto un poquito más estúpido... Empecé a caminar alrededor de la cama y a mentar madres... Afuera el aguacero estaba de pelos... 02:30 POR FIN !!!!! Encontré dos pastillitas de Pepto, ellas nunca me habrían dejado morir solo, Ellas, fieles amigas de tantas experiencias del tercer tipo, Ellas iban a salvarme de esto... Ellas eran lo que mas amaba en el mundo en ese momento… Todo iba a pasar pronto... 02:35 Todo pasó pronto… al fondo del escusado. Agachado ante el water regresaba lo que quedaba de la manzana, con un específico color rosita característico de mis grandes amigas las pastillas... (Ellas, las muy cabronas, se negaban a dar batalla) Algo estaba saliendo mal... Muy mal... 03:00 Dieciocho vueltas alrededor de la cama me habían hecho sentir un poquito mejor, las cosas podían no ser tan malas (siempre tiendo a exagerar), el asunto era agarrar sueño y con el sueño pasarían las cosas... Era hora de acostarme de nuevo... 03:05 Una puta mentira – pensaba mientras veía de nuevo el fondo del escusado – ahora había menos manzana y un poquito mas de rosa... 04:00 Salir de mi cuarto sería la mejor opción (dar vueltas en un espacio de 4x4 empezaba a ser, además, aburrido). Caminar por el pasillo hasta el cansancio iba a caerme bien... Caminé y caminé hasta que el sueño hizo, de nuevo, su aparición. Pero NOOOO, esta vez no me iba a ocurrir lo mismo, no me acostaría dejándome llevar por el engaño. Esta vez me acomodé una silla, pues sentado me dolía menos... 04:20 Duele menos, pero con un carajo no se puede dormir, no hubo forma de conciliar el sueño en tan adversa posición y menos con este malditísimo dolor abdominal... Había que acostarse de nuevo, sí, eso era lo mejor... 04:25 No siempre las grandes mentes llegan a grandes ideas – filosofaba ante el ya conocidísimo escusado – mientras los ojos me lloraban y hacia el célebre ritual para descomer. 04:27 Es interesante ver los objetos desde ángulos singulares (diríase que mi cabeza metida en el water es precisamente el ángulo singular y al que me refiero...) 5:00 La lluvia inundaba la ciudad y yo daba vueltas en la sala. 5:30 Por primera vez sentí frio en 5 meses... Decidí vestirme, visitar de nuevo el wáter en-la-posición-singular y salir de esa casa. Tenia que ir al hospital. 5:45 El camino más largo de mi vida. De la casa a la esquina. ¿Y luego? ¿Alguien sabe dónde hay un hospital en esta ciudad? ¿Alguien puede quitarme este dolor? 6:00 Apenas llegue a esa puerta mis pensamientos redundaron en lo inútil de la iniciativa, ¿apoco iba a tocar la puerta de una vecina así como así? Obviamente no. Esperaba que encontrar un taxi sería más fácil. 6:20 No lo fue... 6:25 Miraba en los ojos de un taxista asustado: "quéste cabron no se me muera aquí…” 6:30 Mientras subía las escaleras de la entrada de Urgencias del Seguro Social mis pensamientos se iban con el arrancón del taxista que al fin no tenía la culpa de casi aventarme. …Sin embargo, ¿qué carajos hacía la sala de urgencias en un segundo piso?
(¿verdadero surrealismo en estado puro o la estupidez en su máxima expresión?) 6:35 La jeta de pocas pulgas de una poco amable enfermera me informaba que sin la hojita rosa no podría entrar al recinto. 6:36 Mis ojos y un grito consecuente de dolor (tal vez un poco exagerado) le dieron la respuesta. Debía hablarle a un doctor ¡ A U R I T I T A ! …¿qué carajos es la hojita rosa??? 6:40 Lamentos míos resonaban en aquel cuartito que la hace de oficina (¿putero? ¿olía a putero?) y consultorio. El doctor intentaba sacarme algo de información. Preguntaba y tecleaba mis balbuceos en una antigua (y ruidosa) máquina de escribir. 6:43 Dictamen del doctor: "Mmnnnnno joven, voy a tener que operarlo sino se lo va a llevar la chingada... Segurito es apendicitis y si no lo opero orita a usté ya valió madre…" 6:44 En la cabeza algo se me despedorró. ¿Operarme a mi? Pus que estamos pendejos o que... "wua, bla wua, bla, peritonitis, wua bla, bla, llevar la madre, wua bla, bla, de la chingada joven" 6:50 De pronto escuche el silencio. El doctor me miraba como esperando una respuesta, y ante mi actitud poco cooperativa de ayudarle a introducirme un cuchillo, mencionó que su responsabilidad era internarme y hacerme unas pruebas. 6:55 Entre seis camas de hospital, tres de ellas ocupadas, alguien me ayudaba a quitarme la ropa y ponerme una pinche bata que, además de tener un color rosita ridículo, estaba sin planchar, vieja y extremadamente pequeña... (pinches batas de hospital, ¿nadie les ha dicho que también deben tapar las nalgas?) 7:00 Me introdujeron un catéter por el brazo, y me sacaron sangre por el otro. El dolor apenas me permitió firmar un formulario que me enseñaron. 7:03 Apenas estampé la firma aquella y, ante mi propio asombro y mi poca comprensión del inframundo (un verdadero infierno in situ), casi automáticamente – por arte de magia – el dolor, toooooddo el dolor, así como llego, d-e-s-a-p-a-r-e-c-i-ó... El dolor se había ido, tal como había suplicado toda la noche, el dolor ya no estaba, cabut, chingoasumadre, valió, disapir, nada, nada, absolutamente nada de dolor... 7:04 Yo estaba sorprendidísimo. ¿De verdad todo mi teatrito se iba a acabar así? Ni modo de pararme e irme dando las gracias por las atenciones… ¿y mis gritos? ¿y mis quejas? ¿y toda la puta noche sin dormir?... Noooo… Algo nuevo empezaba a gestarse en mi cuerpo… 7:05 Un sueño fulminante me aplastaba los parpados. Diríase que Morfeo ya galopaba sobre mi vergüenza mientras la enfermera intentaba darme algunas instrucciones. Creo que al final se rindió ante mi elocuente indiferencia por hacer algo diferente que ay, por dios doorrmirrr... 7:068:00… 9:00… 10:00… 11:00… 12:00… 13:00… … … … … A las cuatro y media de la tarde desperté por los gritos de una vieja en la cama de al lado y con un hambre atroz. Una enfermera mucho más amable me dijo que tenía dos noticias que darme… una mala y una buena: la mala es que me habían robado el reloj, la cartera, el pantalón, el celular y los zapatos. Lo único que me quedaba era la camisa que había usado de almohada (la cama no tenia almohada) y los calcetines que nunca me quité. La buena es que me habían declarado el alta y estaba completamente sano. Debía que desocupar la cama, devolver la bata y desalojar el hospital. Felicidades y que tenga usted un buen día... Nota al pie: Todas hechos aquí relatados son verdaderos, excepto los que no. La sala de urgencias del Hospital del Seguro Social de Villahermosa se encuentra en un segundo piso. Se accede subiendo escaleras o usando un elevador que lleva 3 años sin funcionar. A los tres pacientes que fuimos dados de alta ese día, nos habían robado todas nuestras pertenencias. Nunca obtuve mi diagnóstico.

jueves, 28 de mayo de 2009

Si mi cabeza no alcanzara...

Si no fuera sencillo cambiarte por un cigarro, abrazarme a una idea y en mi regazo fueras falta de ilusiones. Si no sintiera lo que pienso y no distrajera el sentimiento Si mi cabeza no alcanzara para el espejismo de mañana y esta historia tuya no hubiese coincidido. Si creyera en otra cosa, si tan solo fuese menos simple entregarte a mi café por las mañanas Tal vez, incluso ahora, tampoco quemaria las naves...