martes, 3 de agosto de 2010

El barco frágil de papel

Eso de hacer leña del árbol caído esconde múltiples significados (el sexual no está esta vez incluido, por puro pudor, nomás).

Iba yo a ponerme a contestar los varios comentarios de la entrada anterior, que no es mía, pero dicen que soy yo —y ya no sé si cualquier parecido con gobernadores preciosos pueda ser mera coincidencia— y descubrí que me tomaría toda la mañana. Y no es que no me pueda tomar toda una mañana ¡con todas las que me he tomado! para escribir algunas líneas por cabeza, lo que pasa es que me ha resultado más sencillo soltar la sopa así, de sopetón, sin prisa pero sin pausa.

    Hace mucho que sé que uno depende de los otros para ser lo que uno es. La imagen que nos devuelve el espejo todas las mañana deja mucho que desear. Así que no queda más remedio que dejar a la infame turba que decida si ese del espejo es o no es o todo lo contrario. Y a causa de esas tormentas, la autoestima va y viene, la pobrecita, y uno a veces es cuasi fantástico, aunque generalmente es un desastre.

    El Ray, el rústico y el de bolsillo, ha probado múltiples facetas. Ha pasado de patriota saludabanderas a mustio rezapadresnuestros y Dios te bendiga y te guarde. De salvaballenas y neozapatista desencapuchado a ateo postrado, postergado, posmoderno, pospositivo y pos vaya usté a saber qué más. De todo aquello no creo que quede ni la intención.

    Ya no creo en la Patria, la mató con política el Estado; ya no creo en la santa madre iglesia, la mató su propio dogma con pecados; ya no creo en green peace (nunca creí de hecho), la mató a arponazos el tío Sam; como Shakira (porque las caderas de Shakira tienen gran filosofía), ya no creo en Carlos Marx, lo asesinó a quemarropa Stalin; ya no creo en Dios, se mató hace 2 mil millones de años a sí mismo. ¿Así o más ateo?

     Por meras necesidades fumatorias, y por no rendir cuentas a nadie, me he pasado varios años tratando de sobrevivir como he podido frente a este capitalismo, ya no tan rampante, y no he podido mucho. Mis múltiples negligencias vienen a diario a cobrarme la factura y a instalarme en el buró de crédito de los buenos para nada. ¡Y 30 años después vengo a enterarme que ser un caso perdido también puede cotizar en la bolsa de valores!

    De todas las fes perdidas, la única que me hace levantarme a diario es la página 234 del último libro que leo y, en el transcurso del día, por puras ganas de restarle horas a las 24, me pongo a escribir pavadas en la computadora que es la promesa para el público conocedor y gracioso de un libro que nunca termina y el paliativo para mis noches de insomnio. Y sí, hasta soy capaz de platicar una que otra pendejada cuando el café es en compañía.

    Pero todo tiene un truco y, aunque el éxito de la magia es no mostrarlo, no está uno aquí para andarse con ocultismos. Se habla sólo de lo que se puede, no de lo que se sabe. Como el resto del mundo, uno habla de 2 ó 3 temas que medio conoce y lo demás lo ajusta a ellos. Al doctor en física se le habla de literatura para que no note que uno no tiene puta idea de la materia oscura, al literato de economía, al economista de antropología, al antropólogo de teología y al teólogo también de teología, total, en este caso, ninguno tiene puta idea.

    Y sí, si existiera la carrera de platicador profesional podrían pasar 3 cosas: 1) Que, en este afán mío de llevarme la contraria, hubiera estudiado otra cosa; 2) Que, como bien se ha dicho por alguien que me conoce (Doña: ¿será que en esas circunstancias nos conocimos o es que de veras resulta tan evidente?), abandonara en quinto semestre y me pusiera a arreglar computadoras; 3) Que terminara la carrerita y pasaran entre 5 y 10 años para obtener un título con una tesis sobre el silencio. Y estoy seguro que de todos modos seguiría cada mes preocupándome por pagar la renta. Así que, una lástima, eso responde insatisfactoriamente a quien ya empezaba a hacer cuentas.

    Por lo de la tecleada ahí sí tengo muy poco qué decir. He quedado impávido. Yo nomás tecleo, pues; si bien o mal eso ya se lo dejo al público conocedor y gracioso que tendrá múltiples opiniones al respecto. Además, las horas-mujer son incuantificables. De cualquier manera, y dejando todo en manos de la moral en turno, habría que hacer una concienzuda evaluación de las doncellas que han pasado por mis manos al ser tecleadas (narradas, quiero decir), lo mismo días, que horas, que minutos acaso. Lo cierto es que se van como han venido y uno se queda siempre a dos velas. En una minuciosa investigación que he realizado en años pasados, he comprobado que en esto no soy diferente al resto de los mortales. Otra lástima.

    Del resto, y visto que en rifa si salgo, en mi versión rústica o de bolsillo, habría que comenzar el casting y hacer algunas precisiones esotéricas. Dicen que soy escorpión, aunque yo estoy seguro que seré (¿soy?) cáncer ¡y de pulmón! Odio la leche, cuando escribo no conozco, cuando leo desconozco y mi deporte favorito es, como se ha adivinado bien, eso de la tecleada en sus múltiples modalidades. También yo sigo esperando mi versión de lujo, en pasta dura, papel cuché, 80mil copias vendidas, 12 reimpresiones, traducido a 14 idiomas incluidos el náhuatl y el guaraní y el modesto prólogo de Milán Kundera. A Cervantes le pasó 500 años después, así que sospecho que todos tenemos que esperar un poquitito nomás, ¡pero no prometo nada, eh!

    Como sea, lo que sí parece una certeza, en este mundo pletórico de incertidumbres, es que, no sé si tengo escuchas, mucho menos lectores, lo que tengo es un montón de amigos que de pronto, en un momento sublime de hartazgo, traicionan a su único y verdadero amor, el ma-ra-vi-llo-so y no menos detestado facebook y se toman un par de minutos al día para comprobar si sigo tecleando con decoro, a pesar de que yo no tengo una fantástica sonrisa fotogénica ni muestro mis prominentes pectorales bronceados de mis últimas vacaciones en las Bermudas ni sé lo que es una granja ni mucho menos una galleta de la fortuna ni entiendo cómo carajo hacer para enviar mensajes privados que no vean el resto de los cibernautas.

Así que, si por 2 minutos logro ganar la competencia a aquel archienemigo invencible, debe haber algo de cariño detrás. Y, visto de este modo, hasta me envuelvo yo mismo para regalo.

No sé si soy el que dicen que soy o el que digo yo que soy o todo lo contrario. Algo habrá de cierto, un poquito aunque sea.

Dicho esto, buenas tardes amigos, y enemigos. De todas maneras me tomó toda la mañana.

jueves, 29 de julio de 2010

No importa el tema, el asunto es platicarlo...

Ray y yo nos vemos desde hace más de diez años en cafeterías como esta (los últimos cinco, en esta misma). Y es que nuestra amistad es consecuencia de la tolerancia al (“agua de calcetín” que sirven como) café del Sangrons. Y aunque el café es malísimo, te sirven veinte mil tazas por sentada (después de la sexta, ya las sientes por miles) y permiten el alargue, la concha, la tranquilidad de no ser corridos por no pedir más para la mesa y asegura la lubricación bucal necesaria para seguir la plática. Frente a estas tazas de café fuimos presentados. Y luego también fue buena idea invitarlo a los cumpleaños, las pedas y fiestas de celebrar. Nos acompañamos desde entonces, y como siempre, lo que más disfrutamos es platicar. Ya no importa el tema, el asunto es platicarlo. Siempre he creído que si hubiera la profesión de platicador, aquel al que le pagarías solo por platicar cualquier tema, desde amoroso repetitivo hasta económico administrativo, pasando por futbol, política, religión, lingüística (uno de sus favoritos), literatura, cuentos, mitos, historia, anécdotas estúpidas, filosofía, chismes de barrio, viboreadas a los amigos, cocina, música, todas las artes, conciertos, grupos, sexo, psicología, antropología, educación, tecnologías, noticias, predicciones (muchas predicciones) y sobre todo lo escrito… Si alguien pagara por platicar, entonces el Ray sería muy cotizado. ¡El tipo es capaz de platicar de todo!!! - Y a que te dedicas? - Soy Platicador profesional… - A que bien!! Fíjate que necesito alguien para platicar mis pendejadas… - Claro, haz una cita, tu pagas el café y lo platicamos… Lo he comprobado durante diez años. Ray se sienta con cualquiera (y digo de verdad, cualquiera) y parece dominar (o hace parecer) el tema que salga de la boca, a veces atolondrada, del interlocutor que se presente. Lo he visto, tan tranquilo, con adolescentes lloriqueantes moqueando sobre su hombro tanto como lo he visto con doctores en filosofía, borrachos impertinentes, pachecos viajados, amigos del egocentrismo insoportables, esposas amargadas, solteros frustrados, casados sin escrúpulos, empresarios con y sin empresa, y todo esto sin apenas simular si acaso entendía nada. Por eso, por el regusto de la plática, Raymundo y yo nos hemos sentado “a tomarnos el café” semanal y puntualmente los jueves desde que tengo uso de razón (tal vez desde antes). Y la plática nos dura hasta que la mesera nos trae la cuenta (sin pedirla - porque ya son las 12 joven) o (últimamente) hasta que la cordura (el dolor de cabeza, la nausea o el miedo al derrame cerebral) nos hace decirle a la señorita “no más” cuando, con jarra empinada nos dice (y sólo a veces) – ¿le sirvo más café joven?

miércoles, 21 de julio de 2010

La puta palabra liberadora

¿Cómo expresar en palabras escritas todo lo que voy pensando? Si a veces siento que voy escribiendo en el aire y no en papel todo aquello que me llega al cerebro. Pero esta maldita manía mía de hablar solito únicamente recircula el pensamiento y no le permite llegar enterito, nuevo digamos, tal cual el pensamiento a la pantalla de la computadora o a la libreta (… esa libreta) o cualquier otro medio que he encontrado para, después de una larga meditación, varios filtros, alguno que otro prejuicio y muchas, muchas culpas, convertirlo en palabras escritas. Y es que (confieso) esto de escribir no me está siendo fácil. Es encabronádamente difícil. Escribir es vivir para otros que no siempre quieren escuchar, porque además no puedes obligarlos. Siempre que me leo, termino con la idea de que o, no lo van a entender, o no supe-saber explicar la idea (... esa idea) Y es que los textos que me navegan en la mente se complican una y otra vez, se enredan, y al haber nacido en ese espacio de tiempo de la vida diaria, al aparecer pues, en ese microbus, al llegar a la mitad de una mala película o justo en medio de una buena plática, o cuando miro a mi perro correr por la pelota y volver con ella en la boca; al aparecerse casi mágicamente en mí cerebro, tengo que correr a escribirlo, y la frase mágica, la historia chingona, la palabra exacta casi nunca espera tanto tiempo. (Es una sensación de haber sido iluminado; no puedo evitar hacer una cara de asombro, esbozar una sonrisa, y asentir la cabeza cuando una buena idea me llega. Y digo, es esta, ¡es esta!) Algunas ideas rozan lo gusano, algunas de ellas son precipitadamente egocéntricas; pero me iluminan el día, la tarde, el momento y creo que es necesario, urgente (indispensable) escribirlas. ¿Cómo le hago, entonces, para escribir lo pensado? para expresar con palabras bellas, sencillas, entendibles, aquello que me llega a la cabeza, incluso en forma de frase, de palabra escrita en el papel que tengo por cerebro.
"Que tipo de adjetivos se deben usar para hacer, el poema de un barco sin que suene sentimental"
¿Como le hago pues, para que las ideas no se filtren por la mala memoria, la mala educación y la ferocidad glotona del miedo? ¿Como le hago para escribir lo que pienso? Tal como lo siento, de la forma que aparece -mágicamente – en toda su extensión y convertirlo en literatura. Que le digo a mi intelecto, ya de por si mal-herido, cuando esa Gran Idea se va al puto cajón llamado inconsciente, porque sé que no la olvido, sólo que no sé donde quedó, así que creo se va al inconsciente, de donde sacarla es un verdadero pedo! (alegoría de un auténtico problema). Y que le digo al inconsciente tarugo -que soy yo- para explicarle que esta mala memoria mía acaba por acabarlo todo (incluyéndolo, dicho sea de más: T O D O ). Y es que a estas alturas (del partido) de la vida, ya tengo tres libros empezados, que luego derivaron a cuento corto y rápidamente se transformaron en anécdotas del tipo: "yo alguna vez escribí algo sobre eso..." Nunca los pude terminar, porque me chingaba el pensamiento de que no sé cómo decir-lo-que-quiero-decir, y tristemente el pinche olvido se va comiendo la idea original, el impulso que me hizo escribirlo, aventárselo al teclado para compartirlo algún día, con algún alguno o conmigo mismo. Al final este es un escupitajo, es un vómito de frustración por todos aquellos libros que no he escrito, por todas aquellas ideas, que por buenas, duele tener que olvidar, para luego "quesque" reaprenderlas en otros momentos (porque eso sí, siempre regresan), o en el peor de los casos, se condenan al más triste desenlace: el vil fracaso por omisión. Sigo rezándole a los dioses y buscando a las musas (esas que hablan en los poemas bonitos) y esperando la frase mágica o la puta palabra liberadora, hasta la lectura inspiradora, que me permita hacerme eterno o escribir...
(yo sólo quería escribir…) ¿Qué más puedo hacer? Si vivo de la esperanza (del que espera y reza) Quiero creer que soy más que esto… QUE SOY MÁS QUE ESTO...

domingo, 4 de julio de 2010

Oficios vergonzosos

Hay oficios que uno no comprende. Y hay personas que los ejercen y uno las comprende menos. Hoy me encontré a uno de esos tipos que ejercen un oficio vergonzoso. ¡Y a plena luz del día me ofrecía sus servicios!

Se me acercó con afán de seducirme, provocativo, ofreciéndome placeres imposibles. Traté de evadirlo, pero el tipo insistía, me tomó del hombro y me detuvo. Le expliqué que se me hacía tarde, pero no bastó, me pidió sólo un par de minutos para persuadirme. Sin convicción, sabiendo que estaba atrapado, volví a decir que se me hacía tarde. El tipo no pareció escucharme.

    Me extendió un pequeño papel donde describía grosso modo lo que podía hacer. Yo estaba francamente escandalizado pero traté de mostrarme como persona de mente abierta. Mi mundo a su lado sería bello y perfecto, la vida sería feliz y yo sólo tenía que decir Sí, decirlo a los cuatro vientos, que todo el mundo supiera que me ponía en sus manos y él me entregaría las llaves de un reino nunca antes imaginado.

    Yo sentía mucha vergüenza. Por mí, por la circunstancia tan grosera. Pero sobre todo por él. No podía imaginar, ni puedo todavía, las causas que llevan a alguien a caer tan bajo. Qué tipo de infancia se debe tener para terminar de ese modo, acaso un padre castrante o una madre alcohólica, tal vez terribles experiencias amorosas que conducen a tales desviaciones, a manías tan vulgares. Su arreglo pretendía ser pulcro y resultaba grotesco. Yo no dejaba de sentir ese ir y venir entre el asco y la lástima. Y entre todo, ¡el tipo mostraba una altivez increíble! A pesar de lo deplorable de su oficio, él parecía no sentir ninguna vergüenza, incluso cierto orgullo y esto acrecentaba mi propio malestar.

    Quería ayudarlo, ofrecerle algún consejo, alejarlo de esa vida de perdición. Pero él no me dejaba hablar, era él quien me daba consejos y era él quien pretendía hacerme feliz con sus servicios.

    Por fin pude escapar. Hui de prisa de aquel pobre hombre que se quedaba en la calle esperando a su próxima víctima. Sé de buena fuente que es un oficio que se ejerce por temporadas, aunque eso no le quita su tan baja calidad moral. Ofrecerse de tal modo es repugnante. Sé también que es un oficio que se ejerce en todos lados y que es antiquísimo, casi tanto como la sociedad. De veras no puedo entender cómo, en pleno siglo XXI, podemos permitir gente como esa y dejar que se multipliquen. Es preciso erradicar de nuestra sociedad una clase tan execrable y haragana.

    Tal vez con un mejor proyecto educativo o un mejor salario en otros empleos, podríamos eliminar de las calles, del radio, de la televisión y de las cámaras a esos pobres hombres que ostentan el oficio de políticos y hacerlos dedicarse a cosas más productivas y de mayor beneficio.

Aunque parece que el mundo se resiste a vivir sin charlatanes. Una lástima.

domingo, 27 de junio de 2010

Crónica en Verde

Supimos, por los reportes de la prensa, que el equipo contrario estaba verdaderamente presionado. En su última rueda de prensa, el técnico se notaba incómodo, molesto, sin la apertura que lo caracterizaba. Lo mismo los jugadores. Para nosotros era un juego tranquilo, sólo teníamos que preocuparnos un poco por su mejor jugador, el centrocampista que ya estaba en la recta final de su carrera y que seguramente no soportaría todo el partido y un joven delantero de buenas cualidades. Tal vez por algún otro, pero nada de cuidado. Por lo demás, nosotros teníamos al mejor jugador del mundo y él solo podía ganar el partido, pero, por si eso no fuera suficiente, teníamos 3 ó 4 más, capaces de resolverlo sin problemas.

El juego empezó sin contratiempos. Nos sorprendió que en los primeros minutos hubiera una propuesta ofensiva de ese modesto equipo e incluso un tiro de larga distancia que cimbró el travesaño por parte de un medio campista. Para su infortunio, minutos después, también nosotros disparamos, su portero soltó el balón en la salida, contrarrematamos y marcamos el primero. Cuando Bautista remató, estaba en posición adelantada, pero el árbitro no se dio cuenta y, después de discutir un poco con el auxiliar, terminó por decretar válida la anotación. Nosotros no teníamos la culpa del error de su portero ni mucho menos del error del árbitro, así que ganábamos 1-0 y nos esperaba un juego aún más tranquilo de lo presupuestado.

Antes de que terminara el primer tiempo, otro error de la defensa de los pobres argentinos. Heinze, producto del nerviosismo, da un pase equivocado que llega a los pies del Chicharito que entra de frente al área y termina por anotar el segundo. Se nota una gran desconcentración en el equipo argentino, incluso empiezan a salir las amonestaciones a causa de la impotencia. Y así termina el medio tiempo, mientras Tévez ha orbitado sin poder tocar una pelota en el medio campo y sin tener plena idea de la función que tiene que cumplir ni posibilidades para realizarla. Pobrecito.

Aunque Blanco ha estado muy bien controlado, salimos al segundo tiempo con el partido resuelto. Además, en los primeros minutos del complemento, otra vez aparece Bautista. Tira desde fuera del área a pesar de la marca y hace un disparo fantástico que deja sin oportunidad al portero y termina en un gol hermoso. Luego, para tener por completo el control del partido, nos tiramos atrás, les regalamos el medio campo y dejamos que hagan su juego esperando un contragolpe.

En una buena jugada, Higuaín logra darse una media vuelta y sacar un potente disparo que termina en las redes. El Conejo sólo es un espectador de un tiro soberbio. Para no correr más riesgos, reforzamos la defensa con Márquez mientras ellos meten al campo a Agüero y a Maxi Rodríguez. Aunque a Argentina le queda un cambio, Maradona no se atreve a meter a Messi para tratar de generar algo a la ofensiva que, a pesar de ser el más veterano, tal vez podría provocar opciones de gol en los 10 minutos que faltan. Al fin no pasa nada más y México le gana una vez más a la Argentina, esta vez con un contundente 3 a 1.

Nosotros festejamos el cumpleaños número 23 de Blanco con una victoria fácil y nos preparamos para enfrentar a Alemania; Maradona sale a dar entrevistas a su televisora para aplaudir el esfuerzo de sus jugadores. Verón habla de la impotencia que le causa no haber podido hacer historia con su selección y Agüero llora desconsolado.

Dicen que el fútbol da revanchas. Ya veremos. En tanto, México ha vuelto a derrotar a Argentina en octavos de final y, aun sin jugar como nunca, hemos ganado, como siempre.

jueves, 27 de mayo de 2010

Nos vamos al Mundial !!!! (o la misma historia)

Las hemos perdido todas... Perdimos la Conquista (la ganaron los tlaxcaltecas para luego dejarla debajo de un arbol triste a los españoles), perdimos la Reforma (o acaso la vez por ahi??), perdimos la Independencia (recuerdas al triunfante ejército trigarante del emperador?) Perdimos la revolución (o acaso tu sabes quien la gano??... fue Zapata??...Villa??... Carranza?? Obregon?? su mano?? ) Hemos perdido el empleo demasiadas ocasiones para recordarlo... el valor de la moneda, el par de cada uno de los calcetines, la vieja, la camisa, la seguridad de salir a la calle, la guerra contra el narco (cual guerra???), la autonomía y la dignidad (esa tremenda borrachera que empezó con botas y promesas de cambio y terminó con Martita aSegún en los Pinos)... No sabemos lo que es ganar!!! O lo olvidamos hace mucho tiempo Ya nos encanta ser los perdedores porque eso nos identifica con lo mexicano... Nos recuerda a nosotros, nos devuelve a lo que somos porque siempre lo hemos sido, es lo que mejor sabemos hacer, ya no con ganas, sino por simple costumbre, bonita tradición digamos.. sabemos, porque lo sabemos, que vamos a perder una vez más, pero con pundonor, con dignidad, con fuerza y con lo que quieras, pero vamos a perder... Nos enseñamos a ser los buenos de las películas (el Joaquin Pardavé que todos llevamos dentro), aunque eso signifique ser tontos (el Tin Tan nuestro de cada día), pobres (porque Pepe el Toro es inocente!!!), o simplemente los perdedores, eso sí, con redención y final feliz (tooodo sea por Cantinflas). Preferimos estar jodidos a ser los malos. Preferimos ser humildes a ser chingones, a ganar, preferimos hacer todo lo posible, tratar, intentar, dar nuestro mejor esfuerzo, entregarnos en la cancha.... Lo preferimos todo (lease toooooodo) a a traicionar nuestra "mexicaneidad", a dejar de ser lo que ya somos, porque fuimos y (creemos, queremos creerlo) seremos. Porque es más cómodo, es lo conocido, es lo que nos identifica y nos hace celebrar (hasta) bicentenarios.. Es más... chin chin al que gane, al que la arme chido, porque vamos a tacharlo de narco, creido, vendepatrias, corrupto y hasta político (ay no ande diciendo esas cosas por favor... diosnoslibre). Porque en México, lo óptimo, lo chingón, es quedarse como siempre, porque así, aunque jodido, vas a ser muuuuy muuuy querido por todos, porque te vamos a abrazar y consolar, porque sin trono ni reyna, pero eso sí, con un chorro de tequila, seguirás siendo el rey... tendrás nuestros oidos, porque podrás contarnos una y otra vez como es de injusta la pinche vida, y como sabes, porque lo sabes, que te robaron - el pinche gobierno, tu pinche jefe, el pinche árbitro vendido - y que nada de lo que te pasa es culpa tuya... Somos perdedores porque el vencedor siempre está solo... (lease a Cohelo) (y síganlo leyendo) "Por eso detestamos a Hugo Sanchez. "Ya se le subió". Y como un mexicano siempre se la tiene que pasar abajo, siempre tiene que quedarse atrás de otro, cuando un mexicano sube, deja de serlo... (...) Si la selección nacional se volviese ganadora no pasarían ni tres años antes de que todos los mexicanos la odiasen". Nos habría traicionado... Nota: El entrecomillado es de Heriberto Yépez del libro"La Increible Hazaña de Ser Mexicano"

Lectores anónimos

Érase una vez. Fue, creo, la primera frase que leí en mi vida (en realidad, lo primero que lee uno son cosas como "el oso Susú, la mamá Ema y el papá Pepe", pero se entiende que la gente siempre idealiza y espera respuestas más románticas). De ahí, me volví experto en leer todo que lo que se me atravesara ante mis ojos; lo mismo un libro de 900 páginas que el instructivo de mi scalextric. Podía pasar días sin dormir sólo para "terminar el capítulo". Esto, naturalmente, me llevaba al capítulo siguiente y al siguiente. Al parecer, este fue también el primero de lo que después se volvería una suma importante de vicios.

    Ah, pero estos tiempos modernos lo impiden todo. Cuando la gente pregunta, a qué te dedicas, suelen hacer una cara entre de duda, espanto y desaprobación cuando contestas, tan campante: leo (hay casos en que esa respuesta provoca elucubraciones esotéricas).

    El asunto es que entre la pérdida de tiempo que representan las jornadas laborales, las reuniones sociales, los otros vicios y otras minucias, uno acaba agradeciéndole al insomnio que siga permitiendo leer algo sin el ataque violento de la infame turba.

    Y no, en efecto, las mujeres no dejan leer. Así que es preciso elegir una de las 2 actividades por vez. En esos casos no hay posibilidad de insomnio lector. Lo que en realidad sucede no es que a las mujeres les moleste que uno lea, lo que les caga hasta el tuétano de los huesos es que uno se distraiga por 2 minutos de la única actividad que debiera ser importante, única e indivisible: admirarlas (influencia asquerosa de un tal Urieta que tuvo a bien joder la vida a todos con sus teorías contemplativas). A veces te permiten trabajar o ir al baño, pero sólo si eso reporta un beneficio considerable. ¡Y leer no reporta ninguno!

    En estas instancias, es preciso confesar que uno acaba sabiendo muchas cosas no por culto, sino por feo. Mientras las chicas persiguen deportistas, ¿qué hace uno? Pues lee. Mientras persiguen empresarios exitosos, uno sigue leyendo. Mientras van en pos de aventuras, superhéroes, caballeros, uno lee y lee y lee. Qué otra cosa queda por hacer. Y esto parece una maldición hasta que el hecho se revierte.

    De pronto, no sabe uno ni cómo ni por qué (supongo que cansadas de deportistas-superhéroes-caballeros), empiezan a mirar hacia este lado del mundo. Ser "intelectual" vende bien, no cabe duda. Uno se vuelve interesante, inteligente y hasta simpático. De no tener ni perro que ladre, empieza uno a entrar, lento, pero seguro, en la infame turba. Y así llegan las quejas del amigo Hein que no sabe qué hacer con las mujeres que no dejan leer. Claro que podemos hacer una recolección de firmas y esas pavadas en protesta, pero ya se sabe en qué acaban esas cosas. En cuanto vuelvan a aparecer frente a uno, sólo con tu camisa puesta, todo este discurso y hasta las quejas se van directito a la chingada.

    En este mundo, que gusta de actividades clandestinas, leer podría ser una de ellas. Aunque auguro que, tratándose de mujeres, se puede ser acusado de infidelidad y, en colaboración con los gobiernos, a los que se sabe de antemano que tampoco les gustan los lectores, meternos a todos en un campo de concentración con los ojos vendados y sin audio libros. Seriamos pocos, eso sí.

    Por mi parte, he notado que decir que soy escritor en vez de lector causa menos repugnancia. A las mujeres las prefiero lectoras o, en su defecto, les suelo decir que estoy escribiendo un poema inmenso a sus lindas curvas. Esto a veces funciona.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La Calle

Se camina por la calle mientras se traga el aire,
sin dejar que el ambiente inunde los pulmones de las pupilas,
se voltea a ver el sol para saber si es hora de aflojar la corbata,
no para contemplar la luz que se filtra a través de las hojas del mundo,
se mira al mundo para pasar de vivir, sin sentir el paso y el paso de la vida,
se estudian los libros para contabilizar lo que se ha leído,
sin tramitar en la embajada el pasaporte visado al otro lado del espejo,
Se compra café por la calle para llegar despierto al trabajo,
no para que su aroma inunde los sueños y el erotismo de los sentidos
se come para vivir, no por el placer de tener el festín de una comida,
se cava una trinchera para defenderse de las hordas funestas de la rutina,
no para cimentar un castillo en el aire, de construir un imperio de niños,
se marcha a la batalla sin la esperanza de morir en ella y con la seguridad de caer prisionero,
se habla de revoluciones para vender armas en la frontera...
Se canta para enviar un mensaje, para gritar a los cuatro vientos,
para tararear la melodía que marca el compás del paso a paso,
del en vez en vez, del cuando a cuanto se oferta el milagro
de vivir para hacerle la vida miserable a la rutina,
Se mira al sol para saber que hace horas explotaron los dorados del amanecer,
para tener otro día en la búsqueda de la isla del tesoro,
para mantener un suspiro en el aire que no cotice en la bolsa de valores de una bolsa de mujer,
Se camina por la calle por el placer de sentir la piedra bajo el calzado,
se camina por la calle por la consciencia de estar de píe sobre el pavimento,
se camina por la calle por el orgullo de pararse espalda derecha, nariz desafiante,
se camina por la calle por el impulso que se crece a medida de los pasos
Si camino por la calle es para tomar impulso y con alas de cera poder volar,
Se vuela por el mundo para dejar abajo a los mortales en el camino a la inmortalidad.

lunes, 24 de mayo de 2010

Revoluciones de papel

Para cuando a mis amigos les dio por protestar contra gobernadores preciosos yo ya había dejado de creer hasta en la vía láctea y esperaba que la vida se nos fuera acabando simplemente. Como sea, me parecía una buena manera de sacar las neurosis dominicales cuyo único riesgo posible era ser asesinado por una pancarta o desmayar de deshidratación. Astutamente, en el servicio militar se enseña a plantar arbolitos en lugar de manejar armas de fuego, para evitar que los gobernadores preciosos pierdan sus lunares a punta de pistola en lugar de hacerlo con cirugía láser.

Uno acaba instalado en la modorra feliz de las revoluciones históricas, las quejas petulantes en un café y las protestas airadas contra una mujer que desconoce los principios elementales del crédito bancario.

¡Ah! Pero llega en la vida de todo hombre, mujer o quimera en que es necesario enfrentarse ante la injusticia social.

Y a mí, que de lo más profundo de mi ser me ha surgido la vena revolucionaria, ahora hago juntas de vecinos y recaudo firmas por lo excesivo que resulta el pago de la basura o la cuota de vigilancia. Y, como soy valiente entre valientes, no requiero de capucha alguna para ocultar mi identidad.

Querido lector: al final del presente, le invito a estampar su poderosa (firma, se entiende) para levantar la voz en contra de la muerte de las ballenas, la muerte de Paulette, la contaminación en el mundo, la corrupción, la pobreza, la injusticia y la guerra. Pero, sobre todas las cosas, en contra de las mujeres que no nos dejan ver el mundial en santa paz.

Estoy seguro que mi caudillismo llegará alguna vez a los libros de texto del cuarto grado. Además, sé de buena fuente que las labores heroicas suelen conseguir admiradoras.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mercado de valores

Ay, ay, ay, ay, comienza siempre llorando y así llorando se acaba. Maldito José Alfredo. Pero lo que no podía decir ese humilde ranchero enamorado es que las lágrimas ya cotizan en la bolsa de valores y las plañideras reciben una prima asegurada. Y en UDIS ¡las muy cabronas!

Si algo te pasara, Dios no lo quiera, me dijo con una sonrisa colgatera el agente de seguros. Pues claro. Que me ha venido con la noticia, con el descubrimiento del siglo, de que, un día, Dios no lo quiera (pero va a querer, me cae que va a querer el muy hijo de puta) este humilde pluma fácil morirá de manera irremediable.

Oh, Dios, vengativo y cruel, que matas sin piedad a tus creaturas. Oh, Dios, insensato e infame que, no conforme con hacerme la siniestra irregular con la diestra, has osado ponerme en el vil estado de la vegetación irremediable. Hazme pues pagar en instrumentos financieros el costo de tus inmisericordes designios.

He de pagar a mis plañideras que, coño, por lo que cuestan, deben de estar deliciosas. Pagaré a mi viuda el precio de haber soportado mi tos de fumador por las mañanas, mi machismo irredento, mi disfunción eréctil, mi neurosis, mis fracasos literarios, mis negligencias deliberadas, mis besos sabor tabaco sin filtro, mi tetraplejia, mis 40 años de joderla con discursos nihilistas, su insatisfacción materna y una lista interminable. Y lo he de pagar con mi prima asegurada de altos rendimientos.

Extra, extra. Mi enfisema ya cotiza en la bolsa de valores. Mis 31 años ya producen rendimientos en Nacional Financiera. Mi colesterol está a la baja por culpa de las pendejadas de Bush.

Pero mi mujer, aún desconocida, llorará entre sábanas de seda mi pérdida irremediable mientras olvida entre los brazos de un cubano prostituto, pagado con mi seguro, lo horrorosa que ha sido la vida con un anciano decrépito que lo único que sabía hacer era fumar y beber y escribir pendejadas invendibles y lanzar imprecaciones contra cualquier ente animado o inanimado, real o figurativo. Y mis hijos, la sangre de mi sangre sin derramar todavía, aprenderán en una universidad privada y en 10 cuatrimestres, lo que hay que hacer para no ser un pobre diablo como su padre y como subir los bonos de sus estúpidos talentos.

Bendita sea la oferta y la demanda. Bendita la mano invisible que mueve las leyes del mercado. Bendita mi mujer que tendrá con que limpiarse las lágrimas. Benditos mis hijos que inventarán que son hijos de un premio nobel. Malditas las plumas que se acaban. Maldito Dostoievski. Maldito whisky. Malditas radiografías que delatan lo que Dios siempre sí quiso que sucediera.

Y el idiota de José Alfredo que, cirrótico como murió, estúpido y silvestre, creyó, y además cantó a los cuatro vientos, que la vida no vale nada.

Mas todo tiene remedio. Mi agente de seguros me ha pedido que recomiende a algunos amigos. Le he recomendado a varios. Sé que Sartre agradecerá quien llore por él una vez al año mientras él se pudre entre gusanos.